Asociar el ser mujer con el ser madre,
definir la maternidad como el aspecto fundacional
de la identidad femenina ha sido y sigue
siendo una constante social.
Marta Mojzuk[1]
La maternidad es uno de los arquetipos[2] femeninos que más perdura y más condiciona la vida de muchas mujeres. No debemos olvidar que el arquetipo de la mujer/madre ha sido construido por el patriarcado. Desde este arquetipo la maternidad es vista como la culminación del hecho de ser mujer, como la misión más importante y más enriquecedora para las mujeres.
Se consideran la feminidad y la maternidad como dos conceptos sinónimos y algo inherente a todas las mujeres. No se contempla la diversidad de las mujeres, parece que el hecho de ser mujer hace que las formas de sentir y de pensar la maternidad sean iguales. Pero la realidad es muy diferente, las mujeres no somos seres uniformes y por lo tanto no pensamos ni vivimos la maternidad de la misma forma.
Se olvida en este planteamiento que las mujeres somos heterogéneas, que vivimos la maternidad o la no maternidad desde perspectivas distintas, ya sea por el deseo de ser o no ser madres, por la situación socioeconómica en la que cada una se encuentra, la situación emocional, de pareja, etc. Seguir, pues, hablando de las mujeres manteniendo el arquetipo de feminidad que ha sido impuesto por el patriarcado, conlleva una serie de inconvenientes que iremos analizando.
Esta idea de la mujer/madre aún perdura y lo que es más sorprendente, parece que se extiende entre las mujeres jóvenes que hablan de la maternidad como su máxima realización, hablan de sus hijas/os como el objetivo principal por el que se rige su vida, se retroalimenta la idea de la mujer/madre sobre cualquier otra. Las mujeres, una vez más, aparecen como entes homogéneos que deben dedicar una parte importante de sus vidas a ser madres. Es una vuelta al esencialismo.
Me llama la atención que a menudo los padres no parecen existir, no se les nombra, no parecen tener derechos ni obligaciones en el cuidado de las hijas e hijos. Esto, no podemos olvidarlo, les vine muy bien a aquellos que siguen desentendiéndose del cuidado de la familia por considerar que “es cosa de mujeres”, pero tenemos que recordar que hay otros hombres que si quieren ejercer de padres, que desean una maternidad/paternidad compartida y se ven excluidos del proceso de desarrollo de sus hijas/os cuando se mitifica la maternidad, cuando se considera que es la mujer/madre la única que puede cuidar de las/os bebés en los primeros meses.
Desde el arquetipo de la mujer/madre, la maternidad es una función altamente valorada, se presenta el hecho de ser madre como la realización más plena de la mujer. La tarea de cuidar a sus hijas/os sería su función primordial a partir del momento del parto, cualquier otro interés que pueda tener una mujer debe olvidarse, al menos temporalmente. La división sexual del trabajo se vuelve a hacer realidad.
Sorprende que esta alta valoración de la maternidad no se corresponda con el valor social que implica el trabajo de cuidar. Se valora simbólicamente a la madre, sus especiales habilidades para conocer las necesidades de sus hijas/os, su capacidad de sacrificio y dedicación, pero sin embargo los trabajos relacionados con el cuidado, ejercido fundamentalmente por mujeres, están desvalorizados.
Es bien conocido que la maternidad sigue siendo uno de los mayores impedimentos para que las mujeres desarrollen todas sus capacidades profesionales, viéndose limitadas a la función de madres-esposas-hijas, etc. En próximos post iremos viendo las implicaciones que tiene para todas las partes involucradas este concepto de maternidad.
[1] Mojzuk Marta, Entre el maternalismo y la construcción socio-política de la maternidad. http://www.emede.net/textos/martamojzuk/maternalismo-maternidad_dea.pdf
[2] Modelos de ser y actuar que reconocemos a partir del inconsciente colectivo.











