Esta película narra las relaciones entre mujeres de diferentes clases sociales y etnias, Mississippi, años 60. La protagonista, Skeeter, es una joven que vuelve a su ciudad tras finalizar sus estudios y se tiene que enfrentar a las críticas de su madre y de sus amigas porque no está casada ni tiene novio. Busca un empleo pero su entorno piensa que lo hace para encontrar marido. El resto de sus amigas ya están casada, tienen hijas/os y se empeñan en buscarle una pareja. Una de ellas es la que dirige y organiza, la que impone las normas que las demás se ven obligadas a seguir. Es el grupo de las señoras.
Junto a ellas vemos a otras mujeres, las criadas, mujeres negras sometidas a todo tipo de desprecios, de discriminación. No se les permite utilizar los baños de la casa por miedo a que contagien enfermedades, pero sin embargo son ellas las que cuidan a niñas y niños, quienes las han cuidado a ellas mismas.
Las humillaciones que sufren las criadas son vistas con asombro por la protagonista, que mantiene el recuerdo entrañable de la mujer que la crio, la criada negra de su familia. Cuando pregunta por ella su madre, ésta cuenta que se fue a vivir con su hija y otras ambigüedades, que irá descubriendo que no son ciertas.
El afán de Skeeter por ser escritora la lleva a proponer a una de las criadas, Aibileen, considerada la mejor cocinera, escribir su punto de vista sobre las familias, qué piensa, cómo se siente. Para Aibileen es difícil hablar de cómo se siente y lo escribe para poder contarlo. Esta experiencia la cambiará la vida, dice: “Nadie me había preguntado qué se sentía siendo yo… Cuando conté la verdad sobre ello, me sentí libre”.
La historia da un nuevo giro con otra de las criadas, Minny, que al ser despedida decide participar, contar su historia, que como ella dice son muchas historias. Vemos el maltrato que sufre en su propia casa, su fuerza, su empuje, sirviendo en una familia y cuidando de sus hijas/os, es la demostración de que a pesar de vivir sometidas, humilladas, son mujeres con fuerza interior, con una entidad que en ningún momento demuestran tener “las señoras”, que viven sometidas a las normas sociales, a la amiga déspota que les impone normas como: a quién deben despedir o cómo deben organizar sus casas.
El cariño que Aibileen demuestra por la niña que cuida, a quien su madre no demuestra afecto, junto con la seguridad que la transmite, da un idea de su entidad personal y pone de manifiesto lo que en un momento dice Skeerter: “A mí me crio una mujer negra y he visto lo sencillo y lo complejo que puede ser”.
“¿Sabías cuando eras niña que ibas a ser criada? ¿No sueñas con ser otra cosa?” A esta última pregunta Aibileen no se atreve a responder con palabras, simplemente afirma con la cabeza. Sus sueños son muy lejanos, están por encima de las posibilidades de una mujer negra, una criada. Pero la oportunidad que se le brinda le hace recordar lo que su hijo fallecido decía “en esta familia va a ver un escritor, yo pensaba que sería él, pero parece que seré yo”. Lo dice con orgullo, se le ilumina la cara. Escribir el libro supone una liberación para ella, para Skeeter y para todas las criadas que se deciden a participar.
La relación que se establece entre Minny y Celia, su nueva “señora”, es un rayo de esperanza, es una oportunidad para ambas que se complementan y apoyan dejando a un lado los roles que la sociedad trata de imponerles.
Viendo la película pensaba lo fácil que es criticar la semiesclavitud en la que viven estas mujeres, en lo fácil que es criticar, pero olvidamos las mujeres inmigrantes que cuidan cada día de niñas y niños mientras dejan a las/os suyas/os en sus países de origen o sin atención en sus casas porque como dice Aibileen: “mi madre fue criada, mi abuela fue esclava…”. El origen y el color de la piel siguen siendo en nuestra sociedad causa de discriminación.









