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La última semana de 2017 tres mujeres fueron asesinadas y además fue detenido el asesino de  Diana Quer, que aunque oficialmente no se considere un asesinato machista sí lo es, pues fue un hombre quien la secuestro y la asesinó por ser mujer, por ir sola por la calle de noche, ¡¡que atrevimiento¡¡

Se ha hablado mucho de feminismo en el año que ha finalizado y, ciertamente, han ocurrido muchas cosas que han sido relevantes y que han supuesto un paso adelante en la reivindicaciones feministas. Recordemos, por ejemplo, las denuncias de las actrices de Hollywood del acoso a que habían  sido sometidas por los poderosos hombres de la industria del cine. La campaña #Metoo #YoTambién, ha supuesto que muchas mujeres se decidieran a denunciar el acoso sexual que habían sufrido, no importa donde desarrollaran su actividad profesional, pero han sido especialmente importantes las denuncias en el ámbito del cine o de la ciencia, porque mujeres de prestigio han alzado la voz para decir que no deben seguir permitiéndose los abusos de poder.

Porque no lo olvidemos, se trata de un acto de poder, del poder que la sociedad patriarcal otorga a los hombres sobre las mujeres. ¿Por qué si no tantos hombres asesinan a sus parejas cuando deciden separarse? ¿Por qué los jóvenes controlan a sus parejas a través de los móviles para saber dónde están, cómo visten? ¿Por qué llegan incluso a asesinar a sus hijos para infligir  más sufrimiento a las madres? Porque las consideran objetos de su propiedad, alguien que les debe respeto y obediencia. Tanto es así, tan imbuidos están los hombres de esta idea, que las y los jóvenes ven normal que ellos controlen lo que hacen ellas, porque por lo visto eso demuestra su interés, su amor.

Hay una cuestión que está siendo muy debatida estos días y es  cómo los medios de comunicación están denunciando la violencia machista. Inevitablemente casi es obligado hablar de las campanadas de fin de año cuando vimos en una cadena de Televisión que el presentador reclamaba el cese  de la violencia machista, lo hacía un hombres vestido con traje y capa, vaya bien abrigadito como corresponde al frío de la noche,  pero junto a él estaba una mujer que claramente pasaba frío. La miraba con admiración y dice que  le gusta su vestido, que está guapísima. ¿Cómo es posible? ¿Esto no es una actitud machista?

Mucho se ha hablado de otra mujer que presentó esa noche las campanadas, se declaró feminista alegando que lo era porque se vestía como quería. El “mito de la libre elección”  está tan arraigado que hasta puede parece que el juego mediático de la citada presentadora es una opción personal, no lo creo. Pero aunque así fuera, decir que su postura es muy feminista supone no tener ni idea de que es el feminismo. Porque sea cual sea la opción que cada una tomemos, más o menos libremente, se debe recordar a la citada presentadora que El feminismo, es un movimiento social y político que se inicia formalmente a finales del siglo XVIII -aunque sin adoptar todavía esta denominación- y que supone la toma de conciencia de las mujeres como grupo o colectivo humano, de la opresión, dominación, y explotación de que ha sido y son objeto por parte del colectivo de los varones en el seno del patriarcado bajo sus distintas fases históricas de modelo de producción, lo cual las mueve a la acción para la liberación de su sexo con todas las transformaciones de la sociedad que aquélla requiera”.

Más allá de la noche de fin de año, los medios de comunicación están hablando tanto de violencia machista, dedican tanto tiempo a explicar el asesinato de Diana Quer, que si no hacemos un análisis con enfoque de género podemos llegar a pensar que las televisiones, la prensa generalista están realmente concienciadas y que trabajan de verdad para erradicarla. Pero basta hacer un seguimiento de las noticias sobre Diana Quer para comprobar que lo que están haciendo es sensacionalismo y que no ayuda nada, sino todo lo contrario, a que la sociedad tome conciencia de por qué las mujeres son asesinadas. Cuando Diana Quer desapareció, las cadenas y la presa que estos días dedica horas y horas a hablar de ello, dedicaron el mismo tiempo a cuestionar cómo vestía, que fuera sola de noche, que sus padres estuvieran separados, es decir, la hicieron culpable de lo que aún no se sabía qué la podía haber pasado.

Casos como el de Diana Quer, el de Marta del Castillo, el de Andrea Carballo, de Juana Rivas, de la violación en grupo de los que se hacen llamar “la manada”, son sólo algunos ejemplo de lo que no se debe hacer en los medios de comunicación, de cómo estos  culpabilizan a las mujeres acosadas, violadas o asesinadas. Es cierto que hay algunas excepciones, periodistas que tratan el tema con seriedad, que nunca culpabilizan a las mujeres, pero la mayoría debería aplicar los protocolos que existen y dejar de considerar que cuando una mujer es asesinada, cuando una mujer denuncia acoso, ya tienen noticia y dejen de desvirtuar la realidad haciendo de una asesinato o una violación un espectáculo con el que llenar su espacio informativo.

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Mi deseo para 2018

El acoso sexual es violencia machista, es importante dejar esto claro ya que a menudo se habla del acoso sexual como algo sin importancia. Tanto es así, que en un pueblo se han manifestado en defensa de tres jugadores de fútbol acusados de abusar sexualmente de una joven de 15 años, es decir, una menor de edad. Ellos tienen 22, 19 y 24 años respectivamente.

Los jugadores admiten que mantuvieron relaciones sexuales con ella, pero dicen que fueron consentidas.  Conviene recordar que la edad legal para mantener relaciones sexuales es de 16 años. El artículo 138 del Código Penal señala: “El que realizare actos de carácter sexual con un menor de dieciséis años, será castigado como responsable de abuso sexual a un menor con la pena de prisión de dos a seis años”.

Me gusta lo que escribió hace unos días la abogada Syra Rios y que leí en su muro de Facebok:

Una menor de 15 años no puede consentir tener sexo con tres tíos mayores de edad, y ellos han reconocido que sí hubo sexo.

Con independencia de la futura sentencia, hay que tener muchos huevos para salir en defensa de tres fulanos así.

Si los acusados fuesen tres rumanos o tres marroquíes, narices iba a acordarse nadie de la presunción de inocencia.

Cuando unos energúmenos que se denominaban “la manada” violaron a una joven, sometiéndola a todo tipo de vejaciones, también alegaron que era ella la que llevaba la voz cantante, que ella disfrutó tanto a más que ellos.  También en este caso hubo personas que dijeron que la joven les estaba destrozando la vida, que son unos buenos chicos. La sentencia no se conocerá hasta el próximo año, esperemos que lo que se publicaba el otro día en un artículo no se cumpla.  “El juez quiere absolver a ‘La Manada’ porque la víctima no sufrió ni sintió dolor”. Leer esto indigna tanto que te quedas sin palabras, o las que quieres gritar son de tal calibre que no se pueden publicar.

Estos son sólo dos ejemplos paradigmáticos que demuestran que el abuso sexual es tan común que se normaliza y  se justifica. Que un hombres o varios, agredan o violen a una mujer, no es grave porque ella provocaba, ellos, ¡¡pobres!!, sólo responden a las imperiosas necesidades sexuales que la naturaleza les ha dado, porque es evidente que la razón no la usaban. Pero es curioso que cuando se trata de actuar en política, economía…, es decir, cuando se trata de dominar el espacio público, vuelven a reivindicar que en ellos predomina el raciocinio,  del que carecen las mujeres.

Escribía hace unos meses sobre las denuncias de acoso sexual de actrices de Hollywood, desde entonces las denuncias no cesan. Creadoras, galeristas o comisarias relatan en un manifiesto los abusos sufridos. En España son muchas las actrices que ha denunciado los abusos que sufrieron siendo muy jóvenes.

Son necesarios cambios estructurales para que la violencia de género desaparezca, no bastan buenas palabras, ni minutos de silencio, hay que eliminar la división sexual del trabajo que limita a las mujeres y las sigue confinando al espacio doméstico y de cuidado. Mientras se siga pensando que las mujeres tienen que cuidar cómo visten, cuidar por dónde caminan, no salir solas de noche, demostrar que son “buenas chicas” … , vaya que el refrán de “no basta ser buena, sino que hay que parecerlo”, parece ser cada vez más cierto, a la vista de lo que se dice de las mujeres que son acosadas o violadas.

Pero las mujeres no vamos a permitir estos abusos, el feminismo ha tomado la palabra y nadie va a callarlo ya.

 

¡¡No Más Violencia Machista!!

¡¡si tocan a una respondemos todas!!

 

El próximo 17 de diciembre se cumplirán 20 años del asesinato de Ana Orantes, la primera mujer que denunció públicamente que llevaba  40 años sufriendo todo tipo de malos tratos físicos y psicológicos por parte de su marido,  quien amenazaba con matarla. Amenaza que cumplió después de que ella participara en un programa de Televisión. Fue al programa de televisión a pedir ayuda porque ya no podía más. Se atrevió a romper el silencio, a decir públicamente lo que otras muchas mujeres sufrían calladamente.

Estos días estamos asintiendo atónitas al linchamiento mediático de una joven que fue violada en los pasados Sanfermines por cinco energúmenos que se hacen llamar “la manada”.  ¿De verdad alguien puede creer que la chica accedió voluntariamente a que cinco tipos la penetraran anal y vaginalmente en un portal mientras les hacia felaciones? ¿Alguien piensa que a partir de ese momento debía quedarse en casa, aislarse de su entorno para pensar en lo sucedido?

Recuerdo que cuando era pequeña en mi pueblo si una mujer enviudaba debía vestirse de negro y no salir de casa durante cierto tiempo, salvo para ir a la iglesia claro. Por supuesto ser viuda no le eximia de seguir cuidando a la familia y cumplir con todas las tareas que la sociedad consideraba propias de su sexo.

Hemos avanzado mucho desde entonces, pero hoy se cuestiona a esa joven por que salía con amigas, publicaba fotos, etc. Tanto es así que los abogados defensores de sus violadores contrataron el servicio de una agencia de detectives privados para comprobar la vida que hacía y después exponerla públicamente.

Leo que los miembros de “la manada” han declarado en el juicio que ella disfruto más que ellos, que era ella la que llevaba la batuta en la agresión a la que la sometieron. Cuesta creer  que alguien pueda dar crédito a semejante versión que, sin embargo está siendo esgrimida por determinados medios para cuestionar que realmente fuera violada.

También quiero recordar a Juana Rivas, esa mujer que sigue luchando por ver a sus hijos. durante el verano hemos salido a las calles para apoyarla, hemos hecho campaña en la RR.SS apoyándola. #JuanaEstáEnMiCasa  o #TodasSomosJuana han sido los hashtags que se han utilizado para apoyarla, Porque debemos recordar que hay muchas mujeres que viven situaciones similares a las de Juana Rivas. Ella al negarse a entregar a sus hijos se convirtió en un símbolo, como la es la joven violada por la manada, porque #HermanaYoSiTeCreo es el grito unánime de las mujeres feministas. #NosotrasSomosLaManada que estaremos reivindicando que se haga justicia, pero exigiendo que la justicia no sea patriarcal.

Hoy 24 de noviembre otra mujer ha sido asesinada por su expareja. Se llmaba Katerina. Por ella, por  todas las mujeres que sufren cualquier tipo de violencia machista, el #25N estaremos en las calles gritando juntas:

#NIUnaMenos #VivasNosQueremos #HermanaYoSiTeCreo #NosotraSomosLaManada #LaCalleLaNocheTambienEsNuestra #NoEsNo

 

 

Qué teme la CEOE

Fuente: El empresario, diario digital de las empresasLa CEOE, en el informe Perspectiva empresarial sobre la conciliación de la vida laboral y familiar” se posiciona, como ya lo ha hecho en otras ocasiones, contraria a que aumente el permiso de paternidad, lo que no sorprende demasiado. Siendo sus directivos hombres que detentan el poder no podía ser de otra manera. No pueden aceptar que una medida que facilite la igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres se ponga en marcha. Se olvidan de que el modelo de sociedad hombre sustentador/esposa dependiente está obsoleto y que lo que hoy se demanda es que todas las personas sean económicamente solventes y que se corresponsabilicen de las tareas de cuidado por igual.

Dicen los poderosos hombres de la CEOE, haciendo alusión al aumento a cuatro semanas del permiso de paternidad, que: El objetivo (de la conciliación) no puede ser que los hombres abandonen o limiten su participación en el mercado laboral para facilitar la participación femenina”. No les vendría nada mal a los directivos de la CEOE leerse la Proposición de Ley de la PPiiNA, para que se hagan una idea de que quienes defendemos que los permisos de maternidad/paternidad deben ser iguales, intransferibles y pagados al 100% no pretendemos que los hombres abandonen el mercado laboral, faltaría más, lo que proponemos es que los hombres se impliquen en el cuidado de sus criaturas desde el momento del nacimiento y que las mujeres dejen de ser discriminadas por ser madres.

La CEOE debería preocuparse más bien por eliminar la discriminación que sufren las mujeres por el hecho de ser madres o por el hecho de que puedan serlo, lo que se llama discriminación estadística. La citada organización debería tener en cuenta lo que dice Klaus Schwab, fundador y presidente del Foro Económico: “La desigualdad de género priva al mundo de un enorme recurso de talento sin explotar en un momento en que es tan importante para abordar los enormes desafíos y las fuerzas disruptivas que enfrentamos”.

La CEOE dice que no es positivo reducir la jornada laboral de las madres y de los padres para cuidar de la familia,  por supuesto que no, más adecuado sería jornadas más cortas para todas las personas. Sorprende que la CEOE no se haya preocupado por el hecho de que las mujeres se ven obligadas a abandonar su carrera profesional, total o parcialmente, tras las 16 semanas del permiso de maternidad para cuidar de sus hijas e hijos, pero cuando los padres se ausentan del mercado laboral cuatro semanas se inquietan. ¿Será que temen que con la ampliación del permiso de paternidad la masculinidad hegemónica pierda posiciones? Resulta curioso que cuando los hombres comienzan a disfrutar de cuatro semanas de permiso de paternidad, que se lo toman en torno al 80% de los padres, los directivos se ven en la necesidad de posicionarse en contra.

Proponen en el citado informe ‘una mayor infraestructura pública de servicios de atención a niños y mayores dependientes y la implantación de ayudas, subsidios y otros beneficios orientados a las familias y que los horarios de estos centros sean flexibles’. Escuelas infantiles de cero a tres años, a precios asequibles, y servicios de calidad para las personas dependientes, son evidentemente imprescindibles, pero la propuesta de la CEOE de ampliar y flexibilizar los horarios de escuelas infantiles y centros de atención a la dependencia, parece más una medida orientada a facilitar la plena disposición para el trabajo remunerado que facilitar que mujeres y hombres puedan compatibilizar trabajo remunerado, trabajo doméstico y desarrollo personal. Se olvida la CEOE que los cambios de horario son perjudiciales para todas las personas, y no hablemos ya de niñas y niños o personas mayores, para quienes es fundamental una cierta rutina en los horarios y actividades cotidianas. No se trata de ampliar horarios, más bien se trata de que los horarios laborales se adecuen a las necesidades de las personas.

Ofende leer en el citado informe conceptos como ‘corresponsabilidad’ o ‘igualdad de género’, cuando las medidas que se proponen están completamente alejadas de lo que estos términos significan. Jugar con las palabras sólo sirve para justificar su apuesta por el libre mercado y la ampliación de beneficios económicos, para ellos prioritario. Esto se ve claro si analizamos otra de sus propuestas: mejorar la fiscalidad del segundo sustentador familiar o, lo que es lo mismo, mayores ventajas para la tributación conjunta. María Pazos Morán[1] señala al respecto: “La declaración de la renta conjunta es un estímulo para que las mujeres sigan en los hogares”. Medidas como ésta dejan clara la idea que subyace en el informe.

Hablar de conciliar la vida laboral, personal y familiar es en estos momentos algo vacío si no se contempla la perspectiva de género, es decir, si no se tiene en cuenta que las mujeres están en posición de desventaja, que los roles y estereotipos de género están influyendo en cómo se posicionan mujeres y hombres en la sociedad actual. Mientras la brecha salarial de género sea una realidad, mientras el acceso a puestos de alta dirección sea un ‘techo de cristal’ para la mayoría de las mujeres, mientras las ocupaciones que en mayor medida realizan las mujeres sean menos valoradas que las que de forma habitual realizan los hombres, la conciliación seguirá siendo cosa de mujeres.

Tal vez sea eso lo que, con subterfugios, quiera la CEOE. Pero se olvidan de que las mujeres no vamos a conformarnos con medias tintas, que queremos ser trabajadoras con plenos derechos y no vamos a permitir que nos vengan con trampas para que sigamos desempeñando esas funciones que a ellos no les gusta.

[1] Autora de “Desiguales por Ley”, Editorial, Catarata

 “Todas las desgracias del mundo provienen del olvido y el desprecio

 que hasta hoy se ha hecho de los derechos

 naturales e imprescriptibles del ser mujer.

Flora Tristán

Vivimos tiempos revueltos, de conflictos y al mismo tiempo de esperanza. Estos últimos meses quienes nos definimos como feministas, quienes trabajamos para que la sociedad patriarcal desaparezca, nos hemos visto envueltas en debates que a veces no han aportado mucho, más bien lo contrario. Esto no debe ser visto como una traba, más bien como una esperanza, porque demuestra que el feminismo tiene influencia social y política. No tanta como sería necesaria y desearíamos, pero lo que es seguro es que el movimiento feminista no está dormido y que cada día es más activo proponiendo alternativas.

El movimiento feminista no es uniforme, ¿acaso alguna otra ideológica o movimiento social lo es? No importa la escuela de pensamiento o ideología que tomemos como ejemplo, siempre habrá divergencias que matizan la forma de alcanzar los objetivos que se proponen conseguir. No está justificado, pues, que se cuestione que el movimiento feminista está enfrentado, que no es uniforme, etc.

Para empezar, se habla mucho de feminismo en los últimos tiempos, pero no siempre quienes opinan y teorizan se ponen de acuerdo en cómo definir dicho concepto.

Comencemos analizando algunas definiciones:

Según la RAE: “Feminismo es una ideología que defiende que las mujeres deben tener los mismos derechos que los hombres”.

Victoría Sau dice : “El feminismo, es un movimiento social y político que se inicia formalmente a finales del siglo XVIII -aunque sin adoptar todavía esta denominación- y que supone la toma de conciencia de las mujeres como grupo o colectivo humano, de la opresión, dominación, y explotación de que ha sido y son objeto por parte del colectivo de los varones en el seno del patriarcado bajo sus distintas fases históricas de modelo de producción, lo cual las mueve a la acción para la liberación de su sexo con todas las transformaciones de la sociedad que aquélla requiera”.

Es evidente que la definición de la RAE se queda corta, pues si bien el movimiento feminista defiende la igualdad de derechos de mujeres y de hombres, no es sólo eso, implica mucho más, como dice Victoria Sau. Supone la toma de conciencia de las mujeres de que están siendo dominadas y explotadas por la sociedad patriarcal. El feminismo es un movimiento social que busca la igualdad entre los sexos, sí, pero esa igualdad no es posible dentro de los parámetros que aún predominan en la sociedad, en la que los hombres siguen teniendo el poder político, económico y social. El patriarcado, al imponer la división sexual del trabajo, ha logrado que las mujeres sean consideradas ciudadanas de segunda, siempre al servicio de los intereses de los hombres, que han tenido a lo largo de los siglos el poder de tomar decisiones por ellas.

El movimiento feminista no ha cesado de reivindicar el derecho a la participación política de las mujeres. Mary Wollstonecraft, en la obra “Vindicación de los Derechos de la Mujer”, publicado en 1792, reclamaba el derecho a la educación de las mujeres. Afirmaba que las mujeres con educación podrían superar su subordinación, tener independencia económica. Podemos decir que el acceso a la educación de las mujeres se ha logrado, de hecho, en España, más del 61% de las personas que tienen licenciatura son mujeres. Pero, ¿podemos asegurar que las mujeres han logrado independencia económica, que han eliminado la dominación masculina? Sin caer en el derrotismo debemos decir que aún queda mucho camino por recorrer; que si bien las mujeres han logrado superar los retos en educación, los hombres siguen poseyendo el poder político y económico. Muchas mujeres se ven obligadas a seguir asumiendo los mandatos de género que la sociedad patriarcal les impone.

Siguiendo con la definición de Sau, el feminismo mueve a la acción para transformar la sociedad. Este es el punto fundamental, que debemos abordar. Los grandes logros del  movimiento feminista son más que evidentes, pero…

Las mujeres, sea cual sea su clase social, su color de piel, su orientación sexual, su etnia, el lugar del mundo donde vivan, están expuestas a sufrir discriminación laboral, salarial, en el deporte, acoso en la calle, en el trabajo, y están expuestas a ser violadas por los hombres que detentan el poder. Un claro ejemplo lo tenemos en las denuncias que las actrices de Hollywood  han hecho sobre el acoso, en muchos casos violación, que han sufrido por parte de Harvey Weinstein.

Lo más grave es que los abusos eran de dominio público, ¿cómo es posible que nadie apoyara a las mujeres que sufrían acoso? La actriz Emma Thompson ha calificado a Harvey Weinstein como un “depredador” y ha asegurado que el escándalo es solo la “punta del iceberg” de lo que sucede en Hollywood. Por el contrario, Oliver Stone declara que “no es fácil por lo que está pasando Weinstein“. Los “pactos entre pares” no se hacen esperar, me pregunto si a Oliver Stone le preocupa por lo que han pasado tantas mujeres durante varias décadas. Woody Allen ha declarado: «No quiero que conduzca a un ambiente de caza de brujas» y dice que «Todo el asunto es muy triste, para todos los implicados». Parece sentir tristeza por Weinstein, pero también es posible que sienta temor, de que de una vez por todas el mundo del cine deje de ser permisivo y salgan a la luz todos los casos de abuso. La Academia de Hollywood ha expulsado al productor, pero cuánto sufrimiento deja detrás.

Lo que sucede en Hollywood no es un hecho aislado, sucede en las universidades, en las empresas, en la vida cotidiana. Mientras el poder lo sigan detentando los hombres, las mujeres serán, potencialmente, objetos para uso y disfrute masculino. Por todo ello cabe preguntarse, ¿cuál es camino a seguir?, ¿qué hacer para transformar la sociedad? Es evidente que sin modificar el modelo actual de consumo y producción, sin modificar las estructuras sociales, hay pocas esperanzas para que las mujeres alcancen la igualdad de derechos y el feminismo tiene mucho que decir sobre los cambios sociales. Sin las mujeres, sin el feminismo no avanzaremos.

Volviendo a lo que decíamos al principio, el movimiento feminista es diverso, pone el acento en eliminar la discriminación salarial, en romper el techo de cristal, en visibilizar los avances de las mujeres, en denunciar la discriminación de las lesbianas, en reivindicar el derecho a ser madres o no serlo, en la corresponsabilidad en los cuidados… y un largo etcétera, de exigencias que se hacen a diario. Pero siempre que se busque liberar a las mujeres de los condicionantes que la sociedad les ha impuesto, todos los planteamientos feministas deben ser tenidos en cuenta. Lo importe, en este momento de cambio, es pensar en las reformas estructurales necesarias, no dejarse embaucar por cambios menores que, bajo la apariencia de avance, solo fomentan la permanencia de la sociedad patriarcal.

La revolución será feministas o no será

Las mujeres hemos logrado alcanzar cotas de igualdad impensables hace unas décadas, pero basta echar una mirada alrededor para ver el largo camino que aún queda por recorrer. Estos días estamos viendo en la prensa y en televisión situaciones de extrema violencia por parte de la policía. Hombres armados de porras que se ensañan contra la población apaleando y arrastrando por el suelo a personas. De forma más simbólica, el machismo lo vemos en las declaraciones de los  políticos que parecen estar más enfocadas a demostrar su poder que a explicar lo que hacen.

¿Por qué los hombres necesitan siempre estar exponiendo su virilidad, su poder, físico, político o simbólico? ¿Por qué no piensan, razonan, proponen, dialogan…, en vez de enfrentarse como gallos de pelea midiendo sus fuerzas? Parecería, por el contrario, que no hay mujeres preparadas para abordar cuestiones de relevancia.

La sociedad patriarcal, en la que muchos hombres se encuentran muy cómodos, ensalza la masculinidad agresiva, la prepotencia masculina, como si se tratara de características inherentes al hecho de ser hombre. Cuanto más agresivo o más temerario sea un hombre, mejor consideración social tendrá. A las mujeres, por el contrario, se les exige que sean sumisas, recatadas y que oculten partes de su cuerpo para que los hombres ¡pobres ellos¡ no se exciten y se vean obligados a atacarlas. Porque no lo olvidemos, cuando los hombres piropean, tocan o violan a las mujeres son ellas las culpables, pues les están provocando. Si una mujer va por la calle con falda corta, camiseta escotada, etc., se expone a ser acosada, violada (!!es que van provocando¡¡). Sin embargo, los hombres pueden ir medio desnudos, exhibido su cuerpo y !qué raro¡ las mujeres que les ven no les acosan. Paseando por cualquier parque podemos ver a hombres haciendo deporte con pantalones minúsculos que insinúan sus atributos y sin camiseta pero, si pasan por delante de un grupo de mujeres, nunca he visto que éstas les digan piropos, les insulten o se acerquen a tocarles el culo. ¿Será que a las mujeres no les gusta ver un cuerpo masculino bien formado?

El machismo lo vemos reflejado en los medios de comunicación a través del lenguaje, utilizan un lenguaje masculino (supuestamente neutro), que como bien sabemos invisibiliza a las mujeres, ocultando las actividades que desarrollan actualmente en la sociedad. Porque, no debemos olvidar, que cuando se trata de hablar de profesiones se suele hablar de “los periodistas, los médicos, los catedráticos, etc”., pero sí se suele hablar de peluqueras, niñeras, cocineras (ellos son chef, no lo olvidemos). Es decir, que las profesiones menos valoradas socialmente, se denominan en femenino, lo que lleva a que en el imaginario colectivo esas sean profesiones que deben realizar las mujeres. Por ello, es importante que los medios de comunicación utilicen un lenguaje inclusivo, no sexista, para que las niñas y los niños vean que no hay profesiones a las que no puedan tener acceso. El sexo no puede ser es una traba.

Todo lo anterior nos lleva a pensar, ¿por qué en la mayoría de las tertulias de radio y televisión, en las que se analizan temas relevantes, son hombres los que debaten?

Es muy común escuchar que la igualdad entre mujeres y hombres ya se ha logrado, que quienes demandan una igualdad real son mujeres feministas que son unas radicales. Obviamente, quienes así se expresan saben muy bien que no es cierto, que las mujeres siguen discriminadas por el hecho de serlo. Lo que está en el fondo de esta idea es que consideran “natural” que las mujeres sigan desarrollando determinadas tareas como es cuidar de sus criaturas al nacer, que se hagan cargo del cuidado de la madre o el padre, cuando envejecen o enferman. Es decir, que las mujeres sean iguales pero…, siempre que no dejen de llevar a cabo las tareas que la división sexual del trabajo tradicionalmente les ha asignado y que van en detrimento de su desarrollo profesional y/o personal.

Incluso personas conscientes de que el género es una construcción social que ha condicionado la vida de las mujeres, defienden que la igualdad ya se ha logrado, que quedan algunas cosillas, pero que hay que tener paciencia, que con el tiempo se irán logrando. Esta idea parte, a veces, del hecho de que en nuestro entorno habitual la situación de desigualdad no es tan evidente, que los roles de género tienden a desvanecerse; pero cuando salimos de nuestra zona de confort, nos encontramos con cuestiones que creíamos ya superadas, pero que están más estancadas de lo que pensábamos.

El machismo de la sociedad se refleja con crudeza con la violencia machista. Los medios de comunicación siguen titulando “una mujer ha muerto a manos de su marido” y siguen entrevistando a vecinas/os y familiares que declaran que “eran una pareja ejemplar”, que “él era una buena persona, pero tenía problemas con la bebida”. Cualquier cosa para justificar el asesinato.

Para eliminar el machismo debemos ser intolerantes con las actitudes que denigran a las mujeres, que las invisibilizan y minimizan su labor en la sociedad. Mientras la dominación masculina sea tan normal que pasa desapercibida, la igualdad no será posible.

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