Feeds:
Entradas
Comentarios

 “Todas las desgracias del mundo provienen del olvido y el desprecio

 que hasta hoy se ha hecho de los derechos

 naturales e imprescriptibles del ser mujer.

Flora Tristán

Vivimos tiempos revueltos, de conflictos y al mismo tiempo de esperanza. Estos últimos meses quienes nos definimos como feministas, quienes trabajamos para que la sociedad patriarcal desaparezca, nos hemos visto envueltas en debates que a veces no han aportado mucho, más bien lo contrario. Esto no debe ser visto como una traba, más bien como una esperanza, porque demuestra que el feminismo tiene influencia social y política. No tanta como sería necesaria y desearíamos, pero lo que es seguro es que el movimiento feminista no está dormido y que cada día es más activo proponiendo alternativas.

El movimiento feminista no es uniforme, ¿acaso alguna otra ideológica o movimiento social lo es? No importa la escuela de pensamiento o ideología que tomemos como ejemplo, siempre habrá divergencias que matizan la forma de alcanzar los objetivos que se proponen conseguir. No está justificado, pues, que se cuestione que el movimiento feminista está enfrentado, que no es uniforme, etc.

Para empezar, se habla mucho de feminismo en los últimos tiempos, pero no siempre quienes opinan y teorizan se ponen de acuerdo en cómo definir dicho concepto.

Comencemos analizando algunas definiciones:

Según la RAE: “Feminismo es una ideología que defiende que las mujeres deben tener los mismos derechos que los hombres”.

Victoría Sau dice : “El feminismo, es un movimiento social y político que se inicia formalmente a finales del siglo XVIII -aunque sin adoptar todavía esta denominación- y que supone la toma de conciencia de las mujeres como grupo o colectivo humano, de la opresión, dominación, y explotación de que ha sido y son objeto por parte del colectivo de los varones en el seno del patriarcado bajo sus distintas fases históricas de modelo de producción, lo cual las mueve a la acción para la liberación de su sexo con todas las transformaciones de la sociedad que aquélla requiera”.

Es evidente que la definición de la RAE se queda corta, pues si bien el movimiento feminista defiende la igualdad de derechos de mujeres y de hombres, no es sólo eso, implica mucho más, como dice Victoria Sau. Supone la toma de conciencia de las mujeres de que están siendo dominadas y explotadas por la sociedad patriarcal. El feminismo es un movimiento social que busca la igualdad entre los sexos, sí, pero esa igualdad no es posible dentro de los parámetros que aún predominan en la sociedad, en la que los hombres siguen teniendo el poder político, económico y social. El patriarcado, al imponer la división sexual del trabajo, ha logrado que las mujeres sean consideradas ciudadanas de segunda, siempre al servicio de los intereses de los hombres, que han tenido a lo largo de los siglos el poder de tomar decisiones por ellas.

El movimiento feminista no ha cesado de reivindicar el derecho a la participación política de las mujeres. Mary Wollstonecraft, en la obra “Vindicación de los Derechos de la Mujer”, publicado en 1792, reclamaba el derecho a la educación de las mujeres. Afirmaba que las mujeres con educación podrían superar su subordinación, tener independencia económica. Podemos decir que el acceso a la educación de las mujeres se ha logrado, de hecho, en España, más del 61% de las personas que tienen licenciatura son mujeres. Pero, ¿podemos asegurar que las mujeres han logrado independencia económica, que han eliminado la dominación masculina? Sin caer en el derrotismo debemos decir que aún queda mucho camino por recorrer; que si bien las mujeres han logrado superar los retos en educación, los hombres siguen poseyendo el poder político y económico. Muchas mujeres se ven obligadas a seguir asumiendo los mandatos de género que la sociedad patriarcal les impone.

Siguiendo con la definición de Sau, el feminismo mueve a la acción para transformar la sociedad. Este es el punto fundamental, que debemos abordar. Los grandes logros del  movimiento feminista son más que evidentes, pero…

Las mujeres, sea cual sea su clase social, su color de piel, su orientación sexual, su etnia, el lugar del mundo donde vivan, están expuestas a sufrir discriminación laboral, salarial, en el deporte, acoso en la calle, en el trabajo, y están expuestas a ser violadas por los hombres que detentan el poder. Un claro ejemplo lo tenemos en las denuncias que las actrices de Hollywood  han hecho sobre el acoso, en muchos casos violación, que han sufrido por parte de Harvey Weinstein.

Lo más grave es que los abusos eran de dominio público, ¿cómo es posible que nadie apoyara a las mujeres que sufrían acoso? La actriz Emma Thompson ha calificado a Harvey Weinstein como un “depredador” y ha asegurado que el escándalo es solo la “punta del iceberg” de lo que sucede en Hollywood. Por el contrario, Oliver Stone declara que “no es fácil por lo que está pasando Weinstein“. Los “pactos entre pares” no se hacen esperar, me pregunto si a Oliver Stone le preocupa por lo que han pasado tantas mujeres durante varias décadas. Woody Allen ha declarado: «No quiero que conduzca a un ambiente de caza de brujas» y dice que «Todo el asunto es muy triste, para todos los implicados». Parece sentir tristeza por Weinstein, pero también es posible que sienta temor, de que de una vez por todas el mundo del cine deje de ser permisivo y salgan a la luz todos los casos de abuso. La Academia de Hollywood ha expulsado al productor, pero cuánto sufrimiento deja detrás.

Lo que sucede en Hollywood no es un hecho aislado, sucede en las universidades, en las empresas, en la vida cotidiana. Mientras el poder lo sigan detentando los hombres, las mujeres serán, potencialmente, objetos para uso y disfrute masculino. Por todo ello cabe preguntarse, ¿cuál es camino a seguir?, ¿qué hacer para transformar la sociedad? Es evidente que sin modificar el modelo actual de consumo y producción, sin modificar las estructuras sociales, hay pocas esperanzas para que las mujeres alcancen la igualdad de derechos y el feminismo tiene mucho que decir sobre los cambios sociales. Sin las mujeres, sin el feminismo no avanzaremos.

Volviendo a lo que decíamos al principio, el movimiento feminista es diverso, pone el acento en eliminar la discriminación salarial, en romper el techo de cristal, en visibilizar los avances de las mujeres, en denunciar la discriminación de las lesbianas, en reivindicar el derecho a ser madres o no serlo, en la corresponsabilidad en los cuidados… y un largo etcétera, de exigencias que se hacen a diario. Pero siempre que se busque liberar a las mujeres de los condicionantes que la sociedad les ha impuesto, todos los planteamientos feministas deben ser tenidos en cuenta. Lo importe, en este momento de cambio, es pensar en las reformas estructurales necesarias, no dejarse embaucar por cambios menores que, bajo la apariencia de avance, solo fomentan la permanencia de la sociedad patriarcal.

La revolución será feministas o no será

Anuncios

Las mujeres hemos logrado alcanzar cotas de igualdad impensables hace unas décadas, pero basta echar una mirada alrededor para ver el largo camino que aún queda por recorrer. Estos días estamos viendo en la prensa y en televisión situaciones de extrema violencia por parte de la policía. Hombres armados de porras que se ensañan contra la población apaleando y arrastrando por el suelo a personas. De forma más simbólica, el machismo lo vemos en las declaraciones de los  políticos que parecen estar más enfocadas a demostrar su poder que a explicar lo que hacen.

¿Por qué los hombres necesitan siempre estar exponiendo su virilidad, su poder, físico, político o simbólico? ¿Por qué no piensan, razonan, proponen, dialogan…, en vez de enfrentarse como gallos de pelea midiendo sus fuerzas? Parecería, por el contrario, que no hay mujeres preparadas para abordar cuestiones de relevancia.

La sociedad patriarcal, en la que muchos hombres se encuentran muy cómodos, ensalza la masculinidad agresiva, la prepotencia masculina, como si se tratara de características inherentes al hecho de ser hombre. Cuanto más agresivo o más temerario sea un hombre, mejor consideración social tendrá. A las mujeres, por el contrario, se les exige que sean sumisas, recatadas y que oculten partes de su cuerpo para que los hombres ¡pobres ellos¡ no se exciten y se vean obligados a atacarlas. Porque no lo olvidemos, cuando los hombres piropean, tocan o violan a las mujeres son ellas las culpables, pues les están provocando. Si una mujer va por la calle con falda corta, camiseta escotada, etc., se expone a ser acosada, violada (!!es que van provocando¡¡). Sin embargo, los hombres pueden ir medio desnudos, exhibido su cuerpo y !qué raro¡ las mujeres que les ven no les acosan. Paseando por cualquier parque podemos ver a hombres haciendo deporte con pantalones minúsculos que insinúan sus atributos y sin camiseta pero, si pasan por delante de un grupo de mujeres, nunca he visto que éstas les digan piropos, les insulten o se acerquen a tocarles el culo. ¿Será que a las mujeres no les gusta ver un cuerpo masculino bien formado?

El machismo lo vemos reflejado en los medios de comunicación a través del lenguaje, utilizan un lenguaje masculino (supuestamente neutro), que como bien sabemos invisibiliza a las mujeres, ocultando las actividades que desarrollan actualmente en la sociedad. Porque, no debemos olvidar, que cuando se trata de hablar de profesiones se suele hablar de “los periodistas, los médicos, los catedráticos, etc”., pero sí se suele hablar de peluqueras, niñeras, cocineras (ellos son chef, no lo olvidemos). Es decir, que las profesiones menos valoradas socialmente, se denominan en femenino, lo que lleva a que en el imaginario colectivo esas sean profesiones que deben realizar las mujeres. Por ello, es importante que los medios de comunicación utilicen un lenguaje inclusivo, no sexista, para que las niñas y los niños vean que no hay profesiones a las que no puedan tener acceso. El sexo no puede ser es una traba.

Todo lo anterior nos lleva a pensar, ¿por qué en la mayoría de las tertulias de radio y televisión, en las que se analizan temas relevantes, son hombres los que debaten?

Es muy común escuchar que la igualdad entre mujeres y hombres ya se ha logrado, que quienes demandan una igualdad real son mujeres feministas que son unas radicales. Obviamente, quienes así se expresan saben muy bien que no es cierto, que las mujeres siguen discriminadas por el hecho de serlo. Lo que está en el fondo de esta idea es que consideran “natural” que las mujeres sigan desarrollando determinadas tareas como es cuidar de sus criaturas al nacer, que se hagan cargo del cuidado de la madre o el padre, cuando envejecen o enferman. Es decir, que las mujeres sean iguales pero…, siempre que no dejen de llevar a cabo las tareas que la división sexual del trabajo tradicionalmente les ha asignado y que van en detrimento de su desarrollo profesional y/o personal.

Incluso personas conscientes de que el género es una construcción social que ha condicionado la vida de las mujeres, defienden que la igualdad ya se ha logrado, que quedan algunas cosillas, pero que hay que tener paciencia, que con el tiempo se irán logrando. Esta idea parte, a veces, del hecho de que en nuestro entorno habitual la situación de desigualdad no es tan evidente, que los roles de género tienden a desvanecerse; pero cuando salimos de nuestra zona de confort, nos encontramos con cuestiones que creíamos ya superadas, pero que están más estancadas de lo que pensábamos.

El machismo de la sociedad se refleja con crudeza con la violencia machista. Los medios de comunicación siguen titulando “una mujer ha muerto a manos de su marido” y siguen entrevistando a vecinas/os y familiares que declaran que “eran una pareja ejemplar”, que “él era una buena persona, pero tenía problemas con la bebida”. Cualquier cosa para justificar el asesinato.

Para eliminar el machismo debemos ser intolerantes con las actitudes que denigran a las mujeres, que las invisibilizan y minimizan su labor en la sociedad. Mientras la dominación masculina sea tan normal que pasa desapercibida, la igualdad no será posible.

Todas somos Juana RivasEl verano suele ser un tiempo de impasse, una merecida época de descanso que nos mantiene  al margen de las noticias y los sucesos que acontecen; pero algunos acontecimientos de este verano nos han hecho despertar antes de tiempo del sopor veraniego. Voy a hablar solamente de uno de  estos sucesos por tener relación directa con los temas que analizo en este blog.

Una mujer nos ha mantenido en vilo: Juana Rivas.  Su lucha contra la justicia patriarcal ha mantenido alerta al movimiento feminista. Durante julio y agosto, el movimiento feminista (que no los feminismos), diverso y plural ha convocado manifestaciones en muchas ciudades contra las leyes machistas para apoyar a Juana, que se negó a aceptar una sentencia que la obligaba a entregar a su hijos a su expareja, condenado por violencia de género. Lo que finalmente se ha visto obligada a hacer.

Las campañas en las redes sociales han sido intensas durante el verano y también ha sido intensa la campaña mediática de colectivos machistas contra esta mujer que pedía que la justicia no fuera ciega y sorda a su demanda de amparo.

Mucho se ha escrito estos días cuestionando la decisión de Juana Rivas, sobre las personas que la han asesorado, sobre las que la hemos apoyado en la distancia, las que dijimos alto y claro #JuanEstáEnMiCasa, o hemos asistido a concentraciones o publicado artículos apoyando que se rebelara contra el mandato judicial que exigía la entrega de sus hijos al padre, condenado por maltrato. Ella pedía que la jueza escuchara a sus hijos.

También han sido muchas las personas y organizaciones que han apoyado de manera incondicional a Juana Rivas y han pedido a la justicia que tuviera en cuenta sus demandas.  Como ejemplo de lo mucho que se ha escrito, analizando y apoyando a Juana Rivas, resalto el artículo de Rosa Cobo Bedia “Atrévete a aprender” y  el comunicado de la Asociación de Mujeres Juezas, que reclama normas específicas para evitar casos como el de Juana Rivas.

No voy a mencionar los artículos que se han publicado cuestionando la postura de Juana Rivas, criticando a sus asesoras, insultando a las feministas que las apoyábamos,  si lo que buscan es demostrar que son mejores ciudadanas/os por acatar sin ningún cuestionamiento la justicia patriarcal, sin tener en cuenta que la justicia es interpretativa y que no aplica la perspectiva de género, ni en el caso de Juana Rivas ni en otros muchos casos, no seré yo quien les dé pábulo.

Apoyo a Juana Rivas porque:

Considero que es una mujer que ha sufrido violencia machista y ha tomado la decisión de no entregar a sus hijos a un maltratador. Parto del hecho de que Juana ha tomado libremente una decisión valiente, arriesgada y por ello merece todo el respeto.

Se ha cuestionado que haya sufrido violencia de género, a pesar de existir una sentencia firme, llegando al extremo de que algunas personas y medios de comunicación han dado voz y credibilidad a un hombre con sentencia firme por maltrato.

Sus asesoras han sido  vilipendiadas por la prensa, se les ha acusado de haber aconsejado mal a Juana Rivas y finalmente han sido llamadas a declarar acusadas de inducirla a sustraer a sus hijos a la justicia.

Hay muchas mujeres que cada día sufren violencia machista sin que la sociedad, ni esas personas que tanto defienden el Estado de Derecho, levanten la voz para denunciarlo, ni digan  una palabra para apoyarlas.

Hay muchas Juanas. Tenemos ejemplos sobrados de mujeres que entregaron a sus hijas/os, como les ordenó el juzgado correspondiente y no volvieron a verlas/os. Bien sabemos que muchas veces los maltratadores amenazan con matar a sus hijas/os (a veces no se queda en amenaza) para someter a las mujeres.

No podemos olvidar que el poder está en manos de los hombres y que los “pactos entre pares”, de los que habla Celia Amorós, siguen vigentes y por ello casos como el de Juana Rivas son utilizados para defender la supremacía masculina.

La división sexual del trabajo sigue vigente y muchas mujeres siguen estando relegadas al ámbito reproductivo, con la consiguiente dependencia económica que ello conlleva.

El rol de la mujer como madre se ensalza, se mitifica, pero ¡¡cuidado!! si un hombre decide hacer valer sus derechos de padre, se llega a cuestionar si la madre está capacitada para cuidarlos. Como defensora de la corresponsabilidad en los cuidados, considero que madre y padre tienen el derecho y la obligación de cuidar de sus criaturas, pero cuando un hombre ha sido condenado por maltrato las cosas cambian.

Deseo que los partidos políticos, que firmaron en julio el documento contra las violencias machistas, se posicionen y dejen oír su voz para impedir que Juana Rivas sea juzgada y condenada.

Como mujer, como feminista, no quiero quedarme callada ante el acoso que algunos medios de comunicación y diferentes colectivos machistas están llevando a cabo contra el movimiento feminista y que se están sirviendo del caso de Juana Rivas para arremeter contra las reivindicaciones feministas.

Son muchas las mujeres que sufren violencia de género, ya sea física o psicológica. Este año 47 mujeres han sido asesinadas por ser mujeres, pero la sociedad no se conmueve, no sale a la callé a demandar medidas reales. Las instituciones se limitan, cuando lo hacen, a un minuto de silencio, como si los asesinatos de mujeres entraran dentro de la normalidad, como si fuera el precio que las mujeres debemos pagar por rebelarnos contra el mandato patriarcal.

Asociaciones de mujeres hacen un llamamiento a manifestarse contra las leyes machistas que no definen a las mujeres.

Justicia para Juana Rivas

 

 

 

 

 

“La mayoría de los españoles apoya la maternidad subrogada” dice un titular de la Cadena Ser en base a una encuesta realizada por el Observatorio de la SER. El hecho de hablar de maternidad subrogada sin cuestionar este término supone ya aceptar una práctica que como mínimo es polémica.

La RAE define subrogar como:

Sustituir o poner a alguien o algo en lugar de otra persona o cosa”. Es decir, hablar de maternidad subrogada implica que alguien sustituye a la madre. Pero quienes defienden que debe legislarse a favor, consideran que la mujer que gesta no es madre. ¿Qué se sustituye entonces? ¿Qué es la mujer que gesta, una mera portadora?

Vientres de alquiler

Pero vayamos por partes, la primera pregunta hace referencia a si se tiene una opinión formada sobre la maternidad subrogada. Según la encuesta el 59,3% está de acuerdo con ello. Si tuviéramos que tener en cuenta dicha encuesta faltarían datos desagregados por sexo.

La segunda pregunta es claramente tendenciosa, pues pregunta: “La maternidad subrogada es una práctica por la cual una mujer ayuda a una persona o pareja a tener un hijo, aceptando que se le transfiera a su útero un óvulo previamente fecundado, gestándolo a término, pariéndolo y renunciando a la filiación materna”. ¿En qué medida apruebas o no la maternidad subrogada?

Al explicar qué es la maternidad subrogada, dice que es: “una práctica por la cual una mujer ayuda a una persona o pareja a tener un hijo”. Se olvida la encuesta de señalar que la mujer que presta su útero, su cuerpo, recibe una compensación económica a cambio y tampoco explica que las mujeres que se someten a este procedimiento son sometidas previamente a todo tipo de  análisis.  No olvidemos que ‘quien paga manda’ y como compran un producto (un hijo o una hija), quieren que sea perfecto.

Para que quede más claro, las mujeres, cuando firman el contrato y se quedan embarazadas, viven aisladas y hacen dejación de su derecho a cambiar de opinión, a abortar, etc.; o son obligadas a abortar si en el feto se detecta algún problema. Si a pesar de todos los controles, la criatura nace con alguna deformidad la persona que contrata puede no hacerse cargo de ella.

Sí, ya sé que se puede argumentar que no se pueden explicar tantas cosas en una encuesta, pero lo que nunca se debe hacer  es orientar la pregunta para obtener un determinado resultado, que es lo que pasa con la pregunta en cuestión.

Se explica también en la encuesta que la madre gestante renunciará a la filiación materna. En este punto me remito a lo que señala Mar Esquembre Cerdá: “en nuestro ordenamiento jurídico, está claro que la filiación materna se determina por el parto o, dicho en otras palabras, madre es la que ha parido“. ¿Cómo se puede forzar a una persona a renunciar a sus derechos?

Como ya he señalado en otras ocasiones, los deseos no son derechos, y legalizar esta práctica atenta contra los derechos de las mujeres, al considerarlas meros recipientes para satisfacer el deseo de otras personas.

#NoSomosVasijas

#NoPrestoMiÚtero

#19JalertaFeminista

Los hospitales públicos “permiten” que una persona de la familia permanezca tanto de día como de noche durante la hospitalización. Digo permiten porque no hace tanto tiempo que las visitas hospitalarias se limitaban a unas horas al día, salvo casos de extrema gravedad. Es evidente que para una persona enferma estar acompañada es positivo, el apoyo emocional es muy importante, sobre todo cuando se trata de personas mayores que requieren de una atención constante. Pero atender en el entorno hospitalario plantea una serie de problemas que merece la pena analizar.

Hospitales públicos

.- En primer lugar, el cuidado familiar en los hospitales recae mayoritariamente en las mujeres. Es cierto que cada vez se ven más hombres cuidando, pero aún son minoría y cuando lo hacen es más como visita que como cuidadores permanentes. Es decir, se puede afirmar que los roles de género siguen presentes en esta tarea que muchas veces provoca situaciones difíciles; el agotamiento físico, emocional o psicológico se puede apreciar paseando por una planta de geriatría, en la que las estancias hospitalarias suelen ser de larga duración.

Permanecer en una habitación compartida con más pacientes y su familias ya supone un esfuerzo de adaptación importante, si a ello añadimos tener que dormir en un sofá o tener que estar pendiente durante día y noche de que la persona hospitalizada permanezca tranquila, implica un sobreesfuerzo que cualquiera que lo haya vivido, aunque sea sólo un día, conoce lo que esto implica.

.- En segundo lugar, el cuidado familiar supone para el hospital prescindir de personal, pues la familia se ocupa de muchas tareas que deberían ser cubiertas por la institución sanitaria, ser realizadas por las/os profesionales del centro. En el caso de personas que no pueden moverse, que permanecen en cama, son muchas las funciones que desarrollan las familias. Darles  de  comer, estar pendientes de que no adopten posturas inadecuadas, llamar al personal sanitario, tranquilizarles y sobre todo darles afecto.

Como siempre que hablamos de cuidados, sabemos que es gratificante prestar el apoyo necesario a las personas cercanas, sentir que estás atendiendo a una persona a quien quieres, para quien deseas que transcurra su estancia en las mejores condiciones; pero, indudablemente, también es un sufrimiento ver cómo sobrellevan la estancia hospitalaria y cómo se deteriora la persona a quien se cuida. A ello hay que añadir que cuando se trata de personas mayores, la tensión a menudo ya se viene sufriendo desde casa y se agudiza en el hospital.

La escasez de personal ha sido denunciada por los diferentes colectivos de médicas/os y de enfermería, pero en ningún caso se habla del apoyo que prestan las familias dentro del hospital. Resulta, cuando menos curioso, que no se hable nunca del cuidado familiar dentro del hospital, siendo evidente que este cuidado es en estos momentos imprescindible. ¿Qué pasaría ahora mismo si no se permitiera (como sucedía hace años) que una persona permaneciera cuidando en el hospital?  Evidentemente sería imprescindible más personal para que realizara las tareas que ahora realiza la persona que cuida.

.- En tercer lugar hay que analizar el trato que reciben las personas que cuidan, que como hemos señalado, sin ellas el deterioro de la atención hospitalaria sería evidente. Es complicado hablar de cómo el personal sanitario trata a las familias, a las mujeres que cuidan. Es evidente que siempre hay personas que son amables, que tienen en cuenta la situación y que al menos no son desagradables, lo que por desgracia no sucede en muchas ocasiones. La médica o el médico correspondiente ni te mira,  pareces invisible, no responde a tus preguntas o lo hace con condescendencia; te informa como si lo que le pasara al enfermo/a no fuera contigo.  Lo mismo sucede con la enfermera/o, no escucha cuando le comentas lo que le está pasando a la persona que cuidas y te contesta, cuando se digna, que todo lo que se está haciendo no es más que “seguir el protocolo”.

Podría llenar una página con los errores que se pueden cometer por no tener en cuenta las condiciones previas al ingreso del/la paciente. No voy a hacerlo porque considero que el personal sanitario  está sometido a fuertes presiones y creo que en conjunto la atención médica en nuestro país es buena  “a pesar de los pesares”. Pero escribo para buscar soluciones.

Los cuidados en el entorno hospitalario vienen a suplir las deficiencias del sistema, ¿por qué entonces no se habla de ello? ¿Por qué no se acepta la realidad y se tiene en cuenta que hay personas, mujeres, que permanecen cuidando día y noche? ¿Por qué no se les escucha cuando señalan cómo ven a sus familiares, puesto que tienen larga experiencia en su cuidado? No pretendo decir que la familia tenga que opinar sobre cuestiones estrictamente médicas, la cuestión es más lógica y más sutil, se trata de establecer un dialogo, de que escuchen tu opinión sobre lo que sabes del día a día de la/el paciente.

Los cuidados son cosa de mujeres, lo hemos señalado en diferentes ocasiones, lo ideal, lo correcto, sería que el sistema sanitario cubriera todas las necesidades médicas y humanas de la persona hospitalizada y que la familia llevara al centro hospitalario el afecto que la enferma o el enfermo necesita. Pero dada la falta de personal sanitario actual, parece complicado que a corto plazo esto sea posible, mientras tanto, humanicemos el trato hacia las familias que cuidan y que desarrollan una actividad imprescindible.

Leo con asombro las declaraciones de la nueva directora del Instituto de la Mujer, Lucia del Carmen Cerón. Ocupa su cargo desde enero y la entrevista se realizó cuando se cumplen diez años de la Ley Orgánica para la Igualdad efectiva de mujeres y hombres.

 

Sobre el Instituto de la Mujer

No está de más recordar que el Instituto de la Mujer (IM), fue creado en 1983 como Organismo Autónomo del Ministerio de Cultura, siendo su primera directora Carlota Bustelo García del Real, que ocupó su cargo hasta 1988. Desde marzo de 2008 el IM formó parte del Ministerio de Igualdad. En noviembre de 2010, se suprime la Secretaría General de Políticas de Igualdad y el Instituto queda adscrito al Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad.

En 2011 pasa a depender del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad,  se crea la Dirección General para la Igualdad de Oportunidades, cuya directora, Carmen Plaza Martín, asume las funciones de directora del IM.

En 2014 se acuerda la integración de las competencias de la Dirección General para la Igualdad de Oportunidades dentro de los cometidos y estructura del Instituto de la Mujer, que pasa a denominarse “Instituto de la Mujer y para la Igualdad de Oportunidades”.

La Ley 16/1983, de 24 de octubre, de creación del Organismo Autónomo Instituto de la Mujer, en el artículo segundo señala:”El Instituto de la Mujer y para la Igualdad de Oportunidades tiene como finalidad primordial la promoción y el fomento de las condiciones que posibiliten la igualdad social de ambos sexos y la participación de la mujer en la vida política, cultural, económica y social, así como la prevención y eliminación de toda clase de discriminación de las personas por razón de nacimiento, sexo, origen racial o étnico, religión o ideología, orientación o identidad sexual, edad, discapacidad o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”.

Algunas de las declaraciones de Lucia del Carmen Cerón

Leyendo la entrevista de la directora, cabe preguntarse si no se ha leído la citada Ley porque, lo que es evidente, es que sus ideas sobre igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres están obsoletas; suelta ideas, cosas que ha oído, pero cuando las desarrolla aún es peor, pues su argumentación carece de fundamento.

Dice: “La ayuda del marido o la pareja es casi nula”, “Por esto la mujer busca ese trabajo temporal, pequeño para ser una ayuda a la carga familiar”. Vaya, pensaba que el concepto de que el “hombre ayuda” o que el sueldo de las mujeres es una “ayuda” estaba superado. Hablar de esta manera supone seguir pensando en un modelo de familia de “hombre proveedor”, “mujer dependiente”.

Respecto a la violencia de género dice Lucia del Carmen Cerón: “Es el peor síntoma de desigualdad entre un hombre y una mujer. Que alguien acabe con la vida de una persona, por celos, por sentimientos… por no sé qué. Es un no sé qué mal entendido. Estamos trabajando”. Pues ya podemos estar tranquilas las mujeres, están trabajando, pero si considera que los asesinatos machistas son consecuencia de los celos, de sentimientos, de no sabe qué, asusta pensar qué van a hacer.

Cuando habla de la Ley de Igualdad dice:

  • “Efectivamente, los planes de igualdad son obligatorios, es decir, tienen que existir sí o sí en las empresas de más de 250 empleados. Lo que pasa es que hay muchas empresas que son PYMES (Pequeñas y Medianas Empresas), con un número de trabajadores mucho menor y que nos están pidiendo apoyo para implantar esos planes de igualdad”.
  • “Todas esas son cuestiones políticas para seguir adelante. En estos momentos la Ministra [Montserrat] está trabajando en el Currículo Ciego, que va dirigido a las empresas, a todas ellas. Tuvimos una primera reunión para determinar grupos de trabajo y vinieron más de 100 empresas. ¡Fíjese la implicación de las empresas!”.
  • “Las empresas, muchísimas, establecen y aplican esos planes de igualdad. Lo que no hacemos, y que intentaremos subsanar, es un seguimiento de esas empresas. De cómo se imponen esos planes de igualdad. Esto es importante. Pero que la mujer de ciencias, física, química, tenga que conseguir llegar a una empresa, también es importante. ¿Que por qué nos cuesta? Pues porque nos cuesta. No le puedo dar una explicación. Cada uno tenemos en nuestra casa determinadas costumbres ¡Y lo que cuesta cambiar una costumbre!”

Respecto al primer párrafo la directora debe recordar que han suprimido las subvenciones a las PYMES para realizar Planes de Igual, ¿cuál es la ayuda que piensan prestar? La segunda cuestión, pensar que el Currículo Ciego va a ser la panacea para eliminar la discriminación, en fin, esperemos que piensen en alguna medida más. La directora está asombrada de que 100 empresas asistieran a una reunión y considera que por ese hecho están implicadas. Recordemos que hay cerca de seis millones de empresas en España. Mejor no comentar. Y eso de que “las cosas cuestan, porque cuestan”, pensamiento profundo.

Cuando habla de los Planes de Igualdad, supongo que sabe Lucia del Mar Cerón, que muchas de las empresas con una plantilla de 250 trabajadoras/es no cumplen con la Ley, y en muchos casos cuando los elaboran, se ve que poco les importa la igualdad de oportunidades, se limitan a cumplir la ley. Basta analizar algunos Planes de Igualdad para comprobarlo.

Podría seguir analizando cada frase de la directora, pero creo que este relato sirve para estar alerta sobre las medidas que se tomen.

 

A %d blogueros les gusta esto: