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El próximo 17 de diciembre se cumplirán 20 años del asesinato de Ana Orantes, la primera mujer que denunció públicamente que llevaba  40 años sufriendo todo tipo de malos tratos físicos y psicológicos por parte de su marido,  quien amenazaba con matarla. Amenaza que cumplió después de que ella participara en un programa de Televisión. Fue al programa de televisión a pedir ayuda porque ya no podía más. Se atrevió a romper el silencio, a decir públicamente lo que otras muchas mujeres sufrían calladamente.

Estos días estamos asintiendo atónitas al linchamiento mediático de una joven que fue violada en los pasados Sanfermines por cinco energúmenos que se hacen llamar “la manada”.  ¿De verdad alguien puede creer que la chica accedió voluntariamente a que cinco tipos la penetraran anal y vaginalmente en un portal mientras les hacia felaciones? ¿Alguien piensa que a partir de ese momento debía quedarse en casa, aislarse de su entorno para pensar en lo sucedido?

Recuerdo que cuando era pequeña en mi pueblo si una mujer enviudaba debía vestirse de negro y no salir de casa durante cierto tiempo, salvo para ir a la iglesia claro. Por supuesto ser viuda no le eximia de seguir cuidando a la familia y cumplir con todas las tareas que la sociedad consideraba propias de su sexo.

Hemos avanzado mucho desde entonces, pero hoy se cuestiona a esa joven por que salía con amigas, publicaba fotos, etc. Tanto es así que los abogados defensores de sus violadores contrataron el servicio de una agencia de detectives privados para comprobar la vida que hacía y después exponerla públicamente.

Leo que los miembros de “la manada” han declarado en el juicio que ella disfruto más que ellos, que era ella la que llevaba la batuta en la agresión a la que la sometieron. Cuesta creer  que alguien pueda dar crédito a semejante versión que, sin embargo está siendo esgrimida por determinados medios para cuestionar que realmente fuera violada.

También quiero recordar a Juana Rivas, esa mujer que sigue luchando por ver a sus hijos. durante el verano hemos salido a las calles para apoyarla, hemos hecho campaña en la RR.SS apoyándola. #JuanaEstáEnMiCasa  o #TodasSomosJuana han sido los hashtags que se han utilizado para apoyarla, Porque debemos recordar que hay muchas mujeres que viven situaciones similares a las de Juana Rivas. Ella al negarse a entregar a sus hijos se convirtió en un símbolo, como la es la joven violada por la manada, porque #HermanaYoSiTeCreo es el grito unánime de las mujeres feministas. #NosotrasSomosLaManada que estaremos reivindicando que se haga justicia, pero exigiendo que la justicia no sea patriarcal.

Hoy 24 de noviembre otra mujer ha sido asesinada por su expareja. Se llmaba Katerina. Por ella, por  todas las mujeres que sufren cualquier tipo de violencia machista, el #25N estaremos en las calles gritando juntas:

#NIUnaMenos #VivasNosQueremos #HermanaYoSiTeCreo #NosotraSomosLaManada #LaCalleLaNocheTambienEsNuestra #NoEsNo

 

 

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Qué teme la CEOE

Fuente: El empresario, diario digital de las empresasLa CEOE, en el informe Perspectiva empresarial sobre la conciliación de la vida laboral y familiar” se posiciona, como ya lo ha hecho en otras ocasiones, contraria a que aumente el permiso de paternidad, lo que no sorprende demasiado. Siendo sus directivos hombres que detentan el poder no podía ser de otra manera. No pueden aceptar que una medida que facilite la igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres se ponga en marcha. Se olvidan de que el modelo de sociedad hombre sustentador/esposa dependiente está obsoleto y que lo que hoy se demanda es que todas las personas sean económicamente solventes y que se corresponsabilicen de las tareas de cuidado por igual.

Dicen los poderosos hombres de la CEOE, haciendo alusión al aumento a cuatro semanas del permiso de paternidad, que: El objetivo (de la conciliación) no puede ser que los hombres abandonen o limiten su participación en el mercado laboral para facilitar la participación femenina”. No les vendría nada mal a los directivos de la CEOE leerse la Proposición de Ley de la PPiiNA, para que se hagan una idea de que quienes defendemos que los permisos de maternidad/paternidad deben ser iguales, intransferibles y pagados al 100% no pretendemos que los hombres abandonen el mercado laboral, faltaría más, lo que proponemos es que los hombres se impliquen en el cuidado de sus criaturas desde el momento del nacimiento y que las mujeres dejen de ser discriminadas por ser madres.

La CEOE debería preocuparse más bien por eliminar la discriminación que sufren las mujeres por el hecho de ser madres o por el hecho de que puedan serlo, lo que se llama discriminación estadística. La citada organización debería tener en cuenta lo que dice Klaus Schwab, fundador y presidente del Foro Económico: “La desigualdad de género priva al mundo de un enorme recurso de talento sin explotar en un momento en que es tan importante para abordar los enormes desafíos y las fuerzas disruptivas que enfrentamos”.

La CEOE dice que no es positivo reducir la jornada laboral de las madres y de los padres para cuidar de la familia,  por supuesto que no, más adecuado sería jornadas más cortas para todas las personas. Sorprende que la CEOE no se haya preocupado por el hecho de que las mujeres se ven obligadas a abandonar su carrera profesional, total o parcialmente, tras las 16 semanas del permiso de maternidad para cuidar de sus hijas e hijos, pero cuando los padres se ausentan del mercado laboral cuatro semanas se inquietan. ¿Será que temen que con la ampliación del permiso de paternidad la masculinidad hegemónica pierda posiciones? Resulta curioso que cuando los hombres comienzan a disfrutar de cuatro semanas de permiso de paternidad, que se lo toman en torno al 80% de los padres, los directivos se ven en la necesidad de posicionarse en contra.

Proponen en el citado informe ‘una mayor infraestructura pública de servicios de atención a niños y mayores dependientes y la implantación de ayudas, subsidios y otros beneficios orientados a las familias y que los horarios de estos centros sean flexibles’. Escuelas infantiles de cero a tres años, a precios asequibles, y servicios de calidad para las personas dependientes, son evidentemente imprescindibles, pero la propuesta de la CEOE de ampliar y flexibilizar los horarios de escuelas infantiles y centros de atención a la dependencia, parece más una medida orientada a facilitar la plena disposición para el trabajo remunerado que facilitar que mujeres y hombres puedan compatibilizar trabajo remunerado, trabajo doméstico y desarrollo personal. Se olvida la CEOE que los cambios de horario son perjudiciales para todas las personas, y no hablemos ya de niñas y niños o personas mayores, para quienes es fundamental una cierta rutina en los horarios y actividades cotidianas. No se trata de ampliar horarios, más bien se trata de que los horarios laborales se adecuen a las necesidades de las personas.

Ofende leer en el citado informe conceptos como ‘corresponsabilidad’ o ‘igualdad de género’, cuando las medidas que se proponen están completamente alejadas de lo que estos términos significan. Jugar con las palabras sólo sirve para justificar su apuesta por el libre mercado y la ampliación de beneficios económicos, para ellos prioritario. Esto se ve claro si analizamos otra de sus propuestas: mejorar la fiscalidad del segundo sustentador familiar o, lo que es lo mismo, mayores ventajas para la tributación conjunta. María Pazos Morán[1] señala al respecto: “La declaración de la renta conjunta es un estímulo para que las mujeres sigan en los hogares”. Medidas como ésta dejan clara la idea que subyace en el informe.

Hablar de conciliar la vida laboral, personal y familiar es en estos momentos algo vacío si no se contempla la perspectiva de género, es decir, si no se tiene en cuenta que las mujeres están en posición de desventaja, que los roles y estereotipos de género están influyendo en cómo se posicionan mujeres y hombres en la sociedad actual. Mientras la brecha salarial de género sea una realidad, mientras el acceso a puestos de alta dirección sea un ‘techo de cristal’ para la mayoría de las mujeres, mientras las ocupaciones que en mayor medida realizan las mujeres sean menos valoradas que las que de forma habitual realizan los hombres, la conciliación seguirá siendo cosa de mujeres.

Tal vez sea eso lo que, con subterfugios, quiera la CEOE. Pero se olvidan de que las mujeres no vamos a conformarnos con medias tintas, que queremos ser trabajadoras con plenos derechos y no vamos a permitir que nos vengan con trampas para que sigamos desempeñando esas funciones que a ellos no les gusta.

[1] Autora de “Desiguales por Ley”, Editorial, Catarata

 “Todas las desgracias del mundo provienen del olvido y el desprecio

 que hasta hoy se ha hecho de los derechos

 naturales e imprescriptibles del ser mujer.

Flora Tristán

Vivimos tiempos revueltos, de conflictos y al mismo tiempo de esperanza. Estos últimos meses quienes nos definimos como feministas, quienes trabajamos para que la sociedad patriarcal desaparezca, nos hemos visto envueltas en debates que a veces no han aportado mucho, más bien lo contrario. Esto no debe ser visto como una traba, más bien como una esperanza, porque demuestra que el feminismo tiene influencia social y política. No tanta como sería necesaria y desearíamos, pero lo que es seguro es que el movimiento feminista no está dormido y que cada día es más activo proponiendo alternativas.

El movimiento feminista no es uniforme, ¿acaso alguna otra ideológica o movimiento social lo es? No importa la escuela de pensamiento o ideología que tomemos como ejemplo, siempre habrá divergencias que matizan la forma de alcanzar los objetivos que se proponen conseguir. No está justificado, pues, que se cuestione que el movimiento feminista está enfrentado, que no es uniforme, etc.

Para empezar, se habla mucho de feminismo en los últimos tiempos, pero no siempre quienes opinan y teorizan se ponen de acuerdo en cómo definir dicho concepto.

Comencemos analizando algunas definiciones:

Según la RAE: “Feminismo es una ideología que defiende que las mujeres deben tener los mismos derechos que los hombres”.

Victoría Sau dice : “El feminismo, es un movimiento social y político que se inicia formalmente a finales del siglo XVIII -aunque sin adoptar todavía esta denominación- y que supone la toma de conciencia de las mujeres como grupo o colectivo humano, de la opresión, dominación, y explotación de que ha sido y son objeto por parte del colectivo de los varones en el seno del patriarcado bajo sus distintas fases históricas de modelo de producción, lo cual las mueve a la acción para la liberación de su sexo con todas las transformaciones de la sociedad que aquélla requiera”.

Es evidente que la definición de la RAE se queda corta, pues si bien el movimiento feminista defiende la igualdad de derechos de mujeres y de hombres, no es sólo eso, implica mucho más, como dice Victoria Sau. Supone la toma de conciencia de las mujeres de que están siendo dominadas y explotadas por la sociedad patriarcal. El feminismo es un movimiento social que busca la igualdad entre los sexos, sí, pero esa igualdad no es posible dentro de los parámetros que aún predominan en la sociedad, en la que los hombres siguen teniendo el poder político, económico y social. El patriarcado, al imponer la división sexual del trabajo, ha logrado que las mujeres sean consideradas ciudadanas de segunda, siempre al servicio de los intereses de los hombres, que han tenido a lo largo de los siglos el poder de tomar decisiones por ellas.

El movimiento feminista no ha cesado de reivindicar el derecho a la participación política de las mujeres. Mary Wollstonecraft, en la obra “Vindicación de los Derechos de la Mujer”, publicado en 1792, reclamaba el derecho a la educación de las mujeres. Afirmaba que las mujeres con educación podrían superar su subordinación, tener independencia económica. Podemos decir que el acceso a la educación de las mujeres se ha logrado, de hecho, en España, más del 61% de las personas que tienen licenciatura son mujeres. Pero, ¿podemos asegurar que las mujeres han logrado independencia económica, que han eliminado la dominación masculina? Sin caer en el derrotismo debemos decir que aún queda mucho camino por recorrer; que si bien las mujeres han logrado superar los retos en educación, los hombres siguen poseyendo el poder político y económico. Muchas mujeres se ven obligadas a seguir asumiendo los mandatos de género que la sociedad patriarcal les impone.

Siguiendo con la definición de Sau, el feminismo mueve a la acción para transformar la sociedad. Este es el punto fundamental, que debemos abordar. Los grandes logros del  movimiento feminista son más que evidentes, pero…

Las mujeres, sea cual sea su clase social, su color de piel, su orientación sexual, su etnia, el lugar del mundo donde vivan, están expuestas a sufrir discriminación laboral, salarial, en el deporte, acoso en la calle, en el trabajo, y están expuestas a ser violadas por los hombres que detentan el poder. Un claro ejemplo lo tenemos en las denuncias que las actrices de Hollywood  han hecho sobre el acoso, en muchos casos violación, que han sufrido por parte de Harvey Weinstein.

Lo más grave es que los abusos eran de dominio público, ¿cómo es posible que nadie apoyara a las mujeres que sufrían acoso? La actriz Emma Thompson ha calificado a Harvey Weinstein como un “depredador” y ha asegurado que el escándalo es solo la “punta del iceberg” de lo que sucede en Hollywood. Por el contrario, Oliver Stone declara que “no es fácil por lo que está pasando Weinstein“. Los “pactos entre pares” no se hacen esperar, me pregunto si a Oliver Stone le preocupa por lo que han pasado tantas mujeres durante varias décadas. Woody Allen ha declarado: «No quiero que conduzca a un ambiente de caza de brujas» y dice que «Todo el asunto es muy triste, para todos los implicados». Parece sentir tristeza por Weinstein, pero también es posible que sienta temor, de que de una vez por todas el mundo del cine deje de ser permisivo y salgan a la luz todos los casos de abuso. La Academia de Hollywood ha expulsado al productor, pero cuánto sufrimiento deja detrás.

Lo que sucede en Hollywood no es un hecho aislado, sucede en las universidades, en las empresas, en la vida cotidiana. Mientras el poder lo sigan detentando los hombres, las mujeres serán, potencialmente, objetos para uso y disfrute masculino. Por todo ello cabe preguntarse, ¿cuál es camino a seguir?, ¿qué hacer para transformar la sociedad? Es evidente que sin modificar el modelo actual de consumo y producción, sin modificar las estructuras sociales, hay pocas esperanzas para que las mujeres alcancen la igualdad de derechos y el feminismo tiene mucho que decir sobre los cambios sociales. Sin las mujeres, sin el feminismo no avanzaremos.

Volviendo a lo que decíamos al principio, el movimiento feminista es diverso, pone el acento en eliminar la discriminación salarial, en romper el techo de cristal, en visibilizar los avances de las mujeres, en denunciar la discriminación de las lesbianas, en reivindicar el derecho a ser madres o no serlo, en la corresponsabilidad en los cuidados… y un largo etcétera, de exigencias que se hacen a diario. Pero siempre que se busque liberar a las mujeres de los condicionantes que la sociedad les ha impuesto, todos los planteamientos feministas deben ser tenidos en cuenta. Lo importe, en este momento de cambio, es pensar en las reformas estructurales necesarias, no dejarse embaucar por cambios menores que, bajo la apariencia de avance, solo fomentan la permanencia de la sociedad patriarcal.

La revolución será feministas o no será

Las mujeres hemos logrado alcanzar cotas de igualdad impensables hace unas décadas, pero basta echar una mirada alrededor para ver el largo camino que aún queda por recorrer. Estos días estamos viendo en la prensa y en televisión situaciones de extrema violencia por parte de la policía. Hombres armados de porras que se ensañan contra la población apaleando y arrastrando por el suelo a personas. De forma más simbólica, el machismo lo vemos en las declaraciones de los  políticos que parecen estar más enfocadas a demostrar su poder que a explicar lo que hacen.

¿Por qué los hombres necesitan siempre estar exponiendo su virilidad, su poder, físico, político o simbólico? ¿Por qué no piensan, razonan, proponen, dialogan…, en vez de enfrentarse como gallos de pelea midiendo sus fuerzas? Parecería, por el contrario, que no hay mujeres preparadas para abordar cuestiones de relevancia.

La sociedad patriarcal, en la que muchos hombres se encuentran muy cómodos, ensalza la masculinidad agresiva, la prepotencia masculina, como si se tratara de características inherentes al hecho de ser hombre. Cuanto más agresivo o más temerario sea un hombre, mejor consideración social tendrá. A las mujeres, por el contrario, se les exige que sean sumisas, recatadas y que oculten partes de su cuerpo para que los hombres ¡pobres ellos¡ no se exciten y se vean obligados a atacarlas. Porque no lo olvidemos, cuando los hombres piropean, tocan o violan a las mujeres son ellas las culpables, pues les están provocando. Si una mujer va por la calle con falda corta, camiseta escotada, etc., se expone a ser acosada, violada (!!es que van provocando¡¡). Sin embargo, los hombres pueden ir medio desnudos, exhibido su cuerpo y !qué raro¡ las mujeres que les ven no les acosan. Paseando por cualquier parque podemos ver a hombres haciendo deporte con pantalones minúsculos que insinúan sus atributos y sin camiseta pero, si pasan por delante de un grupo de mujeres, nunca he visto que éstas les digan piropos, les insulten o se acerquen a tocarles el culo. ¿Será que a las mujeres no les gusta ver un cuerpo masculino bien formado?

El machismo lo vemos reflejado en los medios de comunicación a través del lenguaje, utilizan un lenguaje masculino (supuestamente neutro), que como bien sabemos invisibiliza a las mujeres, ocultando las actividades que desarrollan actualmente en la sociedad. Porque, no debemos olvidar, que cuando se trata de hablar de profesiones se suele hablar de “los periodistas, los médicos, los catedráticos, etc”., pero sí se suele hablar de peluqueras, niñeras, cocineras (ellos son chef, no lo olvidemos). Es decir, que las profesiones menos valoradas socialmente, se denominan en femenino, lo que lleva a que en el imaginario colectivo esas sean profesiones que deben realizar las mujeres. Por ello, es importante que los medios de comunicación utilicen un lenguaje inclusivo, no sexista, para que las niñas y los niños vean que no hay profesiones a las que no puedan tener acceso. El sexo no puede ser es una traba.

Todo lo anterior nos lleva a pensar, ¿por qué en la mayoría de las tertulias de radio y televisión, en las que se analizan temas relevantes, son hombres los que debaten?

Es muy común escuchar que la igualdad entre mujeres y hombres ya se ha logrado, que quienes demandan una igualdad real son mujeres feministas que son unas radicales. Obviamente, quienes así se expresan saben muy bien que no es cierto, que las mujeres siguen discriminadas por el hecho de serlo. Lo que está en el fondo de esta idea es que consideran “natural” que las mujeres sigan desarrollando determinadas tareas como es cuidar de sus criaturas al nacer, que se hagan cargo del cuidado de la madre o el padre, cuando envejecen o enferman. Es decir, que las mujeres sean iguales pero…, siempre que no dejen de llevar a cabo las tareas que la división sexual del trabajo tradicionalmente les ha asignado y que van en detrimento de su desarrollo profesional y/o personal.

Incluso personas conscientes de que el género es una construcción social que ha condicionado la vida de las mujeres, defienden que la igualdad ya se ha logrado, que quedan algunas cosillas, pero que hay que tener paciencia, que con el tiempo se irán logrando. Esta idea parte, a veces, del hecho de que en nuestro entorno habitual la situación de desigualdad no es tan evidente, que los roles de género tienden a desvanecerse; pero cuando salimos de nuestra zona de confort, nos encontramos con cuestiones que creíamos ya superadas, pero que están más estancadas de lo que pensábamos.

El machismo de la sociedad se refleja con crudeza con la violencia machista. Los medios de comunicación siguen titulando “una mujer ha muerto a manos de su marido” y siguen entrevistando a vecinas/os y familiares que declaran que “eran una pareja ejemplar”, que “él era una buena persona, pero tenía problemas con la bebida”. Cualquier cosa para justificar el asesinato.

Para eliminar el machismo debemos ser intolerantes con las actitudes que denigran a las mujeres, que las invisibilizan y minimizan su labor en la sociedad. Mientras la dominación masculina sea tan normal que pasa desapercibida, la igualdad no será posible.

Todas somos Juana RivasEl verano suele ser un tiempo de impasse, una merecida época de descanso que nos mantiene  al margen de las noticias y los sucesos que acontecen; pero algunos acontecimientos de este verano nos han hecho despertar antes de tiempo del sopor veraniego. Voy a hablar solamente de uno de  estos sucesos por tener relación directa con los temas que analizo en este blog.

Una mujer nos ha mantenido en vilo: Juana Rivas.  Su lucha contra la justicia patriarcal ha mantenido alerta al movimiento feminista. Durante julio y agosto, el movimiento feminista (que no los feminismos), diverso y plural ha convocado manifestaciones en muchas ciudades contra las leyes machistas para apoyar a Juana, que se negó a aceptar una sentencia que la obligaba a entregar a su hijos a su expareja, condenado por violencia de género. Lo que finalmente se ha visto obligada a hacer.

Las campañas en las redes sociales han sido intensas durante el verano y también ha sido intensa la campaña mediática de colectivos machistas contra esta mujer que pedía que la justicia no fuera ciega y sorda a su demanda de amparo.

Mucho se ha escrito estos días cuestionando la decisión de Juana Rivas, sobre las personas que la han asesorado, sobre las que la hemos apoyado en la distancia, las que dijimos alto y claro #JuanEstáEnMiCasa, o hemos asistido a concentraciones o publicado artículos apoyando que se rebelara contra el mandato judicial que exigía la entrega de sus hijos al padre, condenado por maltrato. Ella pedía que la jueza escuchara a sus hijos.

También han sido muchas las personas y organizaciones que han apoyado de manera incondicional a Juana Rivas y han pedido a la justicia que tuviera en cuenta sus demandas.  Como ejemplo de lo mucho que se ha escrito, analizando y apoyando a Juana Rivas, resalto el artículo de Rosa Cobo Bedia “Atrévete a aprender” y  el comunicado de la Asociación de Mujeres Juezas, que reclama normas específicas para evitar casos como el de Juana Rivas.

No voy a mencionar los artículos que se han publicado cuestionando la postura de Juana Rivas, criticando a sus asesoras, insultando a las feministas que las apoyábamos,  si lo que buscan es demostrar que son mejores ciudadanas/os por acatar sin ningún cuestionamiento la justicia patriarcal, sin tener en cuenta que la justicia es interpretativa y que no aplica la perspectiva de género, ni en el caso de Juana Rivas ni en otros muchos casos, no seré yo quien les dé pábulo.

Apoyo a Juana Rivas porque:

Considero que es una mujer que ha sufrido violencia machista y ha tomado la decisión de no entregar a sus hijos a un maltratador. Parto del hecho de que Juana ha tomado libremente una decisión valiente, arriesgada y por ello merece todo el respeto.

Se ha cuestionado que haya sufrido violencia de género, a pesar de existir una sentencia firme, llegando al extremo de que algunas personas y medios de comunicación han dado voz y credibilidad a un hombre con sentencia firme por maltrato.

Sus asesoras han sido  vilipendiadas por la prensa, se les ha acusado de haber aconsejado mal a Juana Rivas y finalmente han sido llamadas a declarar acusadas de inducirla a sustraer a sus hijos a la justicia.

Hay muchas mujeres que cada día sufren violencia machista sin que la sociedad, ni esas personas que tanto defienden el Estado de Derecho, levanten la voz para denunciarlo, ni digan  una palabra para apoyarlas.

Hay muchas Juanas. Tenemos ejemplos sobrados de mujeres que entregaron a sus hijas/os, como les ordenó el juzgado correspondiente y no volvieron a verlas/os. Bien sabemos que muchas veces los maltratadores amenazan con matar a sus hijas/os (a veces no se queda en amenaza) para someter a las mujeres.

No podemos olvidar que el poder está en manos de los hombres y que los “pactos entre pares”, de los que habla Celia Amorós, siguen vigentes y por ello casos como el de Juana Rivas son utilizados para defender la supremacía masculina.

La división sexual del trabajo sigue vigente y muchas mujeres siguen estando relegadas al ámbito reproductivo, con la consiguiente dependencia económica que ello conlleva.

El rol de la mujer como madre se ensalza, se mitifica, pero ¡¡cuidado!! si un hombre decide hacer valer sus derechos de padre, se llega a cuestionar si la madre está capacitada para cuidarlos. Como defensora de la corresponsabilidad en los cuidados, considero que madre y padre tienen el derecho y la obligación de cuidar de sus criaturas, pero cuando un hombre ha sido condenado por maltrato las cosas cambian.

Deseo que los partidos políticos, que firmaron en julio el documento contra las violencias machistas, se posicionen y dejen oír su voz para impedir que Juana Rivas sea juzgada y condenada.

Como mujer, como feminista, no quiero quedarme callada ante el acoso que algunos medios de comunicación y diferentes colectivos machistas están llevando a cabo contra el movimiento feminista y que se están sirviendo del caso de Juana Rivas para arremeter contra las reivindicaciones feministas.

Son muchas las mujeres que sufren violencia de género, ya sea física o psicológica. Este año 47 mujeres han sido asesinadas por ser mujeres, pero la sociedad no se conmueve, no sale a la callé a demandar medidas reales. Las instituciones se limitan, cuando lo hacen, a un minuto de silencio, como si los asesinatos de mujeres entraran dentro de la normalidad, como si fuera el precio que las mujeres debemos pagar por rebelarnos contra el mandato patriarcal.

Asociaciones de mujeres hacen un llamamiento a manifestarse contra las leyes machistas que no definen a las mujeres.

Justicia para Juana Rivas

 

 

 

 

 

“La mayoría de los españoles apoya la maternidad subrogada” dice un titular de la Cadena Ser en base a una encuesta realizada por el Observatorio de la SER. El hecho de hablar de maternidad subrogada sin cuestionar este término supone ya aceptar una práctica que como mínimo es polémica.

La RAE define subrogar como:

Sustituir o poner a alguien o algo en lugar de otra persona o cosa”. Es decir, hablar de maternidad subrogada implica que alguien sustituye a la madre. Pero quienes defienden que debe legislarse a favor, consideran que la mujer que gesta no es madre. ¿Qué se sustituye entonces? ¿Qué es la mujer que gesta, una mera portadora?

Vientres de alquiler

Pero vayamos por partes, la primera pregunta hace referencia a si se tiene una opinión formada sobre la maternidad subrogada. Según la encuesta el 59,3% está de acuerdo con ello. Si tuviéramos que tener en cuenta dicha encuesta faltarían datos desagregados por sexo.

La segunda pregunta es claramente tendenciosa, pues pregunta: “La maternidad subrogada es una práctica por la cual una mujer ayuda a una persona o pareja a tener un hijo, aceptando que se le transfiera a su útero un óvulo previamente fecundado, gestándolo a término, pariéndolo y renunciando a la filiación materna”. ¿En qué medida apruebas o no la maternidad subrogada?

Al explicar qué es la maternidad subrogada, dice que es: “una práctica por la cual una mujer ayuda a una persona o pareja a tener un hijo”. Se olvida la encuesta de señalar que la mujer que presta su útero, su cuerpo, recibe una compensación económica a cambio y tampoco explica que las mujeres que se someten a este procedimiento son sometidas previamente a todo tipo de  análisis.  No olvidemos que ‘quien paga manda’ y como compran un producto (un hijo o una hija), quieren que sea perfecto.

Para que quede más claro, las mujeres, cuando firman el contrato y se quedan embarazadas, viven aisladas y hacen dejación de su derecho a cambiar de opinión, a abortar, etc.; o son obligadas a abortar si en el feto se detecta algún problema. Si a pesar de todos los controles, la criatura nace con alguna deformidad la persona que contrata puede no hacerse cargo de ella.

Sí, ya sé que se puede argumentar que no se pueden explicar tantas cosas en una encuesta, pero lo que nunca se debe hacer  es orientar la pregunta para obtener un determinado resultado, que es lo que pasa con la pregunta en cuestión.

Se explica también en la encuesta que la madre gestante renunciará a la filiación materna. En este punto me remito a lo que señala Mar Esquembre Cerdá: “en nuestro ordenamiento jurídico, está claro que la filiación materna se determina por el parto o, dicho en otras palabras, madre es la que ha parido“. ¿Cómo se puede forzar a una persona a renunciar a sus derechos?

Como ya he señalado en otras ocasiones, los deseos no son derechos, y legalizar esta práctica atenta contra los derechos de las mujeres, al considerarlas meros recipientes para satisfacer el deseo de otras personas.

#NoSomosVasijas

#NoPrestoMiÚtero

#19JalertaFeminista

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