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Archive for the ‘Dependencia’ Category

descargaLa salida de la crisis es una realidad sólo para un número limitado de personas, para una parte importante de la población no es más que un slogan y en el caso de las mujeres la situación es alarmante. Participé hace unos días en una jornada organizada por  la Red Navarra Contra la Pobreza y la Exclusión Social que llevaba por título Ser mujer, ¿billete a la pobreza?. Mujeres sin vivienda y hogar, monomarentalidad, patología dual y salud e inmigración, son realidades que tendemos a olvidar y que resultan escalofriantes cuando las relatan quienes trabajan en esos entornos. Mi intervención comenzó con una pregunta, ¿hemos salido de la crisis?  Los datos que estos días estamos conociendo nos dan la respuesta y es demoledora.

  • La desigualdad económica crece: Tan sólo 8 hombres poseen la misma riqueza que 3.600 millones de personas, la mitad más pobre de la humanidad.
  • Los ingresos del 10% más pobre de la población mundial han aumentado menos de 3 dólares al año entre 1988 y 2011, mientras que los del 1% más rico se han incrementado 182 veces más.
  • Estimaciones de la OIT: sólo el 29% de la población a nivel mundial tiene un sistema de protección social integral, es decir, que el 71% tiene una cobertura parcial o está sin protección.
  • En España 4 millones de personas viven en condiciones de exclusión severa. En 2017 estaban en esta situación 1.2 millones menos. FOESA
  • ¿Podemos decir que ha finalizado la crisis?

En Mujer y pobreza (I), analizaba diferentes informes que se han publicado en estos días y lo que queda claro es que la recuperación económica no ha llegado a las mujeres, por el contrario, las desigualdades han aumentado y quedan resaltadas en algunos de los indicadores que se analizan.

  • Al comienzo de la crisis la desigualdad de género se redujo, pero al comenzar la recuperación las condiciones de trabajo de los hombres mejoraron, las de las mujeres se mantuvieron, incluso empeoraron.
  • Desigualdad estructural como consecuencia de los roles de género que llevan a la segregación ocupacional: horizontal y vertical. Sectores feminizados y poco valorados, social y económicamente. El trabajo de cuidados recae en las mujeres en un 87,9%.
  • Desde 2014 aumenta el número de contratos de duración definida y el encadenamiento de contratos. Afecta más a las mujeres.
  • En España tres de cada cuatro personas con trabajo a tiempo parcial involuntario son mujeres. Trabajadoras del hogar y cuidados.
  • Ser mujer joven, con discapacidad o pertenecer a una minoría étnica son factores que influyen en la posibilidad de tener menor salario. Intermón Oxfam.
  • Las familias monoparentales tienen más riesgo de pobreza en Europa. En España el 83% se dichas familias están encabezadas por mujeres. 1.529.900. Hablaremos, pues, de familias monomarentales. Más de la mitad se encuentran en riesgo de pobreza
  • Según un informe de ADECCO, el 59% de las mujeres al frente de una familia monomarental están desempleadas o trabajan en economía sumergida.

Vistos estos datos no parece que podamos hablar de ‘recuperación económica’, salvo que pensemos que no importa que una parte importante de la población carezca de recursos básicos para su supervivencia. Según el Informe FOESA tener empleo no garantiza salir de la vulnerabilidad, debido a la precariedad, los bajos salarios y la temporalidad. En El Estado de la Pobreza. España 2018 VIII Informe anual sobre el riesgo de pobreza y exclusión,  leemos: en España, 12,3 millones de personas (26,6% de la población) se encuentran en riesgo de pobreza o exclusión social.

Canarias-suspende-aplicacion-Ley-Dependencia_EDIIMA20140131_0506_15Dice la OIT: Las políticas de cuidado sensibles a las cuestiones de género y basadas en los derechos humanos también pueden contribuir a transformar la división por sexo del trabajo en los hogares, y cambiar así las actitudes de las personas hacia el trabajo de cuidados. Es importante esta cita porque nos sitúa en el contexto de las cuestiones que se deben abordar si queremos trabajar por un cambio social que nos incluya a todas y a todos, los cuidados deben ser puestos como prioritarios en la agenda política ya que son determinantes en la vida de las mujeres y acarrean todo tipo de desigualdad. No se puede avanzar mientras una sola mujer sufra discriminación por el hecho de serlo, por ser migrante, por tener algún tipo de discapacidad, por su orientación sexual, por su tipo de familia o por cualquier otra circunstancia.

Siguiendo con el informe de la OIT: Las políticas de cuidado son políticas públicas que asignan recursos para reconocer, reducir y redistribuir la prestación de cuidados no remunerada en forma de dinero, servicios y tiempo. Señala también que: las políticas de cuidado transformadoras pueden dar resultados positivos en términos económicos… Estos beneficios son posibles si una parte de la prestación de cuidados asumida por las mujeres y la familia se reorienta al Estado.

La pobreza infantil, la violencia machista, en las que hay que incluir la comercialización del cuerpo de las mujeres, es decir, prostitución y trata, vientres de alquiler, abuso sexual, el trabajo en condiciones de precariedad de las trabajadoras domesticas, la desigualdad salarial, son cuestiones directamente relacionadas y requieren medidas inmediatas. Hacer hincapié en eliminar las discriminaciones que sufren las mujeres desde un planteamiento feminista, desde un planteamiento igualitario, implica trabajar por un modelo de sociedad en el que se incluya a toda la población. Es imprescindible poner a las mujeres en el centro de las políticas.

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El trabajo de cuidados no remunerado es un factor clave

 para determinar si las mujeres acceden al empleo y permanecen en él,

 así como la calidad de los trabajos que desempeñan.

OIT

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Se han publicado en los últimos días varios informes sobre vulnerabilidad y pobreza que llaman a la reflexión. VOCES CONTRA LA PRECARIEDAD:MUJERES Y POBREZA LABORAL EN EUROPA de Intermón Oxfam, presenta una realidad poco halagüeña, en especial para las mujeres. Señala: En la Europa de los 28 (UE-28), al igual que en España, las mujeres tienen el doble de probabilidades de tener un trabajo con baja remuneración que los hombres, es decir,  la recuperación de la crisis económica está aumentando las desigualdades de género.

El VI Informe FOESSA Exclusión Estructural e Integración Social, al analizar la salida de la crisis apunta a una recuperación, pero sólo para determinados sectores de población, para las personas con riesgo de vulnerabilidad y pobreza los avances, cuando los hay, son limitados. El porcentaje de hogares con todos sus activos en paro han disminuido considerablemente, pero esto no ha supuesto que la vulnerabilidad de los hogares disminuya. La población en situación de exclusión ha pasado del 16,4% en 2007 al 18,4 actual, 4 millones de personas viven en condiciones de exclusión severa, 1.2 millones más que en 2013. Una situación a destacar: tener empleo no garantiza salir de la vulnerabilidad, debido a la precariedad, los bajos salarios y la temporalidad. El informe que estamos analizando no contempla datos desagrados por sexo, lo que es incomprensible. Al analizar la exclusión en base a los hogares se enmascara la realidad de las mujeres.

Por su parte el estudio: EL ESTADO DE LA POBREZA, seguimiento del indicador de riesgo de pobreza y exclusión social en España, investiga los cambios registrados en el número de personas en riesgo de pobreza y/o exclusión social mediante el estudio de la evolución del indicador AROPE y de sus componentes, entre los años 2009 y 2015. En la llamada Estrategia EU2020, se pretende reducir el número de personas que viven en situaciones de pobreza y exclusión social. Para España el objetivo se situaba en reducir el número de personas en riesgo de pobreza o exclusión social en 1,4 millones antes del año 2020. Pero la realidad es muy diferente, transcurrida ya la mitad del período previsto para la consecución de los objetivos europeos, puede afirmarse que en España no sólo no se ha avanzado en la reducción de la pobreza y la exclusión social, sino que ésta ha aumentado enormemente. En 2013 se produjo un ligero avance, pero a partir de 2014 empeora la situación.

El trabajo de cuidados no remunerado es un factor clave para determinar si las mujeres acceden al empleo y permanecen en él, así como la calidad de los trabajos que desempeñan, según el informe: EL TRABAJO DE CUIDADOS Y LOS TRABAJADORES DEL CUIDADO PARA UN FUTURO CON TRABAJO DECENTE. Añade que: el grueso del trabajo de cuidados en todo el mundo es realizado por cuidadoras y cuidadores no remunerados, en su mayoría mujeres y niñas pertenecientes a grupos socialmente desfavorecidos.

En el mundo, el trabajo doméstico no remunerado e invisibilizado de las mujeres asciende a 10 billones de dólares al año, el 13% del PIB mundial, Intermón Oxfam.

Los roles de género siguen siendo determinantes para las mujeres que ven mermadas sus posibilidades de empleo, se ven abocadas a trabajar a tiempo parcial y en trabajos precarios. Las mujeres tienen el doble de posibilidades que los hombres de estar en un trabajo parcial no deseado en España… y  casi 3 de cada 4 personas con un trabajo parcial involuntario son mujeres, FOESA.

A menos que estas necesidades de cuidado adicionales sean abordadas por políticas de cuidado adecuadas, esta demanda adicional de trabajo de cuidados remunerado –si continúa sin satisfacerse– probablemente siga limitando la participación de las mujeres en la fuerza de trabajo, imponiendo una carga adicional a las mujeres y acentuando más aún la desigualdad, OIT.

pobreza-infantil-familias-monoparentales-save-the-childrenSegún Save the Children: El riesgo de pobreza o exclusión social infantil afecta a más de uno de cada tres menores de edad en España (35,8%) y no ha dejado de crecer desde el 2007, superando las tasas de la población general. Continúa diciendo que esta situación afecta al 53,3% de los hogares monoparentales. El 83% de estas familias está encabezada por una mujer, por lo que debemos hablar de familias monomarentales y en este caso la pobreza infantil aumenta, incluso cuando la madre tenga empleo. Una vez más constatamos que es imprescindible abordar esta situación con un enfoque de género que permita una mejor identificación de los factores de exclusión. 

Estas citas nos ponen en un escenario preocupante, un elevado número de personas viven en nuestro país en situación de precariedad y las mujeres son las más perjudicadas. He analizado reiteradamente las implicaciones que tiene para las mujeres ser las principales responsables de lo que se ha dado en llamar el trabajo de cuidar. En ¿Por qué cuidan las mujeres?, desmonto la idea de que las mujeres lleven impreso en su ADN el instinto de cuidar: Hay quienes consideran ‘natural’ que cuiden las mujeres, piensan que ellas están más preparadas biológicamente, que es su función hacerlo, pero se olvidan que mujeres y hombres no nacen con unas capacidades diferentes, que es la construcción social del género la que determina las tareas que unas y otros deben realizar en cada momento de su vida.

Todas las personas en situación de dependencia merecen un trato digno, vivan en una residencia pública o privada, en un centro de día o en su domicilio. Por su vulnerabilidad merecen respeto y dignidad. Queda mucho por hacer, dice Eva Nasarre en su cuenta de twitter.  No puedo estar más de acuerdo, incido en que las políticas públicas tienen que tener en cuenta las desigualdades de género, eliminar dichas desigualdades, no potenciarlas.

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Los hospitales públicos “permiten” que una persona de la familia permanezca tanto de día como de noche durante la hospitalización. Digo permiten porque no hace tanto tiempo que las visitas hospitalarias se limitaban a unas horas al día, salvo casos de extrema gravedad. Es evidente que para una persona enferma estar acompañada es positivo, el apoyo emocional es muy importante, sobre todo cuando se trata de personas mayores que requieren de una atención constante. Pero atender en el entorno hospitalario plantea una serie de problemas que merece la pena analizar.

Hospitales públicos

.- En primer lugar, el cuidado familiar en los hospitales recae mayoritariamente en las mujeres. Es cierto que cada vez se ven más hombres cuidando, pero aún son minoría y cuando lo hacen es más como visita que como cuidadores permanentes. Es decir, se puede afirmar que los roles de género siguen presentes en esta tarea que muchas veces provoca situaciones difíciles; el agotamiento físico, emocional o psicológico se puede apreciar paseando por una planta de geriatría, en la que las estancias hospitalarias suelen ser de larga duración.

Permanecer en una habitación compartida con más pacientes y su familias ya supone un esfuerzo de adaptación importante, si a ello añadimos tener que dormir en un sofá o tener que estar pendiente durante día y noche de que la persona hospitalizada permanezca tranquila, implica un sobreesfuerzo que cualquiera que lo haya vivido, aunque sea sólo un día, conoce lo que esto implica.

.- En segundo lugar, el cuidado familiar supone para el hospital prescindir de personal, pues la familia se ocupa de muchas tareas que deberían ser cubiertas por la institución sanitaria, ser realizadas por las/os profesionales del centro. En el caso de personas que no pueden moverse, que permanecen en cama, son muchas las funciones que desarrollan las familias. Darles  de  comer, estar pendientes de que no adopten posturas inadecuadas, llamar al personal sanitario, tranquilizarles y sobre todo darles afecto.

Como siempre que hablamos de cuidados, sabemos que es gratificante prestar el apoyo necesario a las personas cercanas, sentir que estás atendiendo a una persona a quien quieres, para quien deseas que transcurra su estancia en las mejores condiciones; pero, indudablemente, también es un sufrimiento ver cómo sobrellevan la estancia hospitalaria y cómo se deteriora la persona a quien se cuida. A ello hay que añadir que cuando se trata de personas mayores, la tensión a menudo ya se viene sufriendo desde casa y se agudiza en el hospital.

La escasez de personal ha sido denunciada por los diferentes colectivos de médicas/os y de enfermería, pero en ningún caso se habla del apoyo que prestan las familias dentro del hospital. Resulta, cuando menos curioso, que no se hable nunca del cuidado familiar dentro del hospital, siendo evidente que este cuidado es en estos momentos imprescindible. ¿Qué pasaría ahora mismo si no se permitiera (como sucedía hace años) que una persona permaneciera cuidando en el hospital?  Evidentemente sería imprescindible más personal para que realizara las tareas que ahora realiza la persona que cuida.

.- En tercer lugar hay que analizar el trato que reciben las personas que cuidan, que como hemos señalado, sin ellas el deterioro de la atención hospitalaria sería evidente. Es complicado hablar de cómo el personal sanitario trata a las familias, a las mujeres que cuidan. Es evidente que siempre hay personas que son amables, que tienen en cuenta la situación y que al menos no son desagradables, lo que por desgracia no sucede en muchas ocasiones. La médica o el médico correspondiente ni te mira,  pareces invisible, no responde a tus preguntas o lo hace con condescendencia; te informa como si lo que le pasara al enfermo/a no fuera contigo.  Lo mismo sucede con la enfermera/o, no escucha cuando le comentas lo que le está pasando a la persona que cuidas y te contesta, cuando se digna, que todo lo que se está haciendo no es más que “seguir el protocolo”.

Podría llenar una página con los errores que se pueden cometer por no tener en cuenta las condiciones previas al ingreso del/la paciente. No voy a hacerlo porque considero que el personal sanitario  está sometido a fuertes presiones y creo que en conjunto la atención médica en nuestro país es buena  “a pesar de los pesares”. Pero escribo para buscar soluciones.

Los cuidados en el entorno hospitalario vienen a suplir las deficiencias del sistema, ¿por qué entonces no se habla de ello? ¿Por qué no se acepta la realidad y se tiene en cuenta que hay personas, mujeres, que permanecen cuidando día y noche? ¿Por qué no se les escucha cuando señalan cómo ven a sus familiares, puesto que tienen larga experiencia en su cuidado? No pretendo decir que la familia tenga que opinar sobre cuestiones estrictamente médicas, la cuestión es más lógica y más sutil, se trata de establecer un dialogo, de que escuchen tu opinión sobre lo que sabes del día a día de la/el paciente.

Los cuidados son cosa de mujeres, lo hemos señalado en diferentes ocasiones, lo ideal, lo correcto, sería que el sistema sanitario cubriera todas las necesidades médicas y humanas de la persona hospitalizada y que la familia llevara al centro hospitalario el afecto que la enferma o el enfermo necesita. Pero dada la falta de personal sanitario actual, parece complicado que a corto plazo esto sea posible, mientras tanto, humanicemos el trato hacia las familias que cuidan y que desarrollan una actividad imprescindible.

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8 de marzo Día Internacional de las Mujeres

Un año más llega el 8 de marzo y hay que hacer balance, hay que preguntarse si por fin el Día Internacional de las Mujeres es un día para celebrar o si por el contrario, tenemos que seguir reivindicando que las mujeres debemos tener los mismos derechos que los hombres. Como este año tenemos tan cerca el debate de investidura, vamos a analizar si hemos avanzado en representación política.

La actual legislatura cuenta con un 39,4% de mujeres, la cifra más alta desde las elecciones de 1979. Aunque no se llega a la igualdad el avance es importante y hay que celebrarlo. Por otro lado, de las 17 Comisiones Permanentes Legislativas del Congreso de los Diputados, sólo una está presidida por una mujer y es fácil adivinar cuál es: la Comisión de Igualdad. ¿Por qué no puede presidir una mujer la de Economía y Competitividad, por poner un ejemplo? ¿No hay mujeres en el Parlamento suficientemente formadas para ello? ¿O puede ser que los partidos políticos se limitan a cumplir la legislación, paridad en las listas, pero luego siguen con los “pactos entre pares”, que decía Celia Amorós?. Primer dato negativo.

En el debate de investidura, de los 17 ponentes sólo tres fueron mujeres. Claro, los cabeza de lista de las formaciones políticas eran hombres en su mayoría y eran hombres los que se presentaban a la presidencia del gobierno. Las mujeres, segundonas en las listas para el 20-D, decía un titular de prensa. Con estos antecedentes no podíamos esperar mucho. Tanto hombre en la tribuna no auguraba nada bueno, como hemos podido constatar, en algunos momentos parecía que estaban midiendo sus fuerzas como machos alfa, más que presentando propuestas. No es bueno generalizar y por ello hay que destacar que ha habido honrosas excepciones, pero ello no es óbice para cuestionar gestos y actitudes que ponen en evidencia que el poder masculino sigue dominando la política.

Juntas podemosEstos días se organizan actos para conmemorar el Día Internacional de las Mujeres, visto de forma aislada parecería que la igualdad de derechos de las mujeres es una prioridad política en nuestro país, pero ha sido suficiente ahondar un poco para volver de nuevo a cuestionar si no es más que una pantalla, una pantomima que pocas consecuencias positivas acarrea.

Veamos otros aspectos de calado. La violencia machista es una cruel realidad que cada día nos vemos obligadas a denunciar y sin embargo, las propuestas para erradicarla y prevenirla son, en algunos casos, equívocas y en otros claramente suponen un retroceso. La maternidad discrimina y una de las causas es que las mujeres se apartan del mercado laboral al menos 16 semanas, lo que supone que son vistas como “menos disponibles” para el empleo. Los partidos políticos han declarado, en muchas ocasiones, la necesidad de que los permisos de maternidad y paternidad sean iguales intransferibles y pagados al 100%, como lleva años reivindicando la Plataforma PPiiNA, para eliminar los roles de género que tanto perjudican a las mujeres. Sin embargo, encontramos propuestas, que bajo la apariencia de avanzar, proponen medidas que consolidan la discriminación de género, al perpetuar el papel cuidador de las mujeres, como ha denunciado la PPiiNA.

Podemos seguir hablando de la brecha salarial de género que sigue aumentando; de la tasa de paro de las mujeres que es muy superior a la de los hombres, 19,49% los hombres, frente al 22,52% de las mujeres, es decir, menos empleo y peor remunerado; de la Ley de Dependencia que tanto afecta a las mujeres, porque no lo olvidemos, “cuidar tiene nombre de mujer. Y qué nos encontramos, que no hay verdaderas medidas para paliar las desigualdades y discriminaciones que sufrimos las mujeres.

Por eso debemos concluir que NO, que el 8 de marzo no es día de celebraciones, que el patriarcado sigue imperando y que un año más es un día para reivindicar igualdad de derechos.

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El último informe de la OCDE no deja lugar a dudas: en las llamadas sociedades desarrolladas las mujeres entre 25 y 34 años tienen más formación que los hombres, pero son ellos los que tienen empleo. Es lo que sucede en 34 de los 38 países estudiados, que las jóvenes tienen menores tasas de empleo y mayores tasas de paro, a pesar de estar más formadas que los hombres.

 Comparativa entre el nivel de empleo y de formación de hombres y mujeres por países / OCDE

Comparativa entre el nivel de empleo y de formación de hombres y mujeres por países / OCDE

Llama la atención que cuando se publica un informe de algún organismo internacional, se comente durante un tiempo, generalmente poco, y después se olvide, y que ninguna administración o institución tome cartas en el asunto para poner en marcha las medidas necesarias para eliminar esta discriminación. Parece que leer este u otros informes sobre la discriminación laboral de las mujeres no tienen más función que presentar unos hechos, que no sirven para nada más, cuando debería ser motivo de análisis y de puesta en marcha de medidas para paliar las desigualdades de género.

Causas de esta desigualdad

El informe de la OCDE apunta como la causa los roles de género, que adjudican a las mujeres el trabajo de cuidar. Señala, asimismo, que en los países en los que el número de guarderías es menor es en los que las diferencias en el empleo, o lo que es lo mismo, la discriminación de género es mayor.

El estudio de AEGON detecta que las mujeres ven mermadas sus posibilidades laborales por la necesidad de conciliar su vida laboral con la familiar y personal, es decir, lo que ya hemos dicho antes, son ellas las que se encargan del cuidado de la familia y en especial del cuidado y la crianza de hijas e hijos.

Para compatibilizar las diferentes facetas de su vida, las mujeres en muchos casos se ven obligadas a reducir su jornada laboral, lo que redunda negativamente en su permanencia, promoción en el empleo y en el salario.

¿Qué consecuencias tiene esto para las mujeres?

La discriminación laboral que sufren las mujeres, tanto en el acceso, como en la permanecía o la promoción en el mercado laboral, influye en que su nivel económico sea menor, tanto en el presente como en el futuro. Un estudio de AEGON señala que las mujeres tienen pocas posibilidades de planificar su jubilación. Sólo el 15% de las mujeres españolas considera que los ingresos de su pareja no serán importantes en su jubilación.

Más allá de las consecuencias económicas, los roles de género, causa de la discriminación, impiden a las mujeres desarrollar otras facetas de su vida y condicionan su autonomía. Las tareas de cuidado de personas dependientes también tienen un alto coste emocional para las  mujeres que pocas veces se tiene en cuenta.

Busquemos soluciones

En muchas ocasiones hemos señalado que la maternidad tiene consecuencias negativas para las mujeres y que el hecho de que al nacer o adoptar una criatura, la madre tenga 16 semanas de permiso y el padre tenga 15 días, no es sólo una discriminación legal, sino que favorece que los roles de género sigan primando en la sociedad. Mientras sean las madres las que cuiden, casi en exclusiva, niñas y niños crecerán pensando que es la mujer quien debe realizar esa tarea, que no es cosa de los hombres.

La Plataforma por Permisos Iguales e Intransferible y pagados al 100%, PPiiNA, reivindica un cambio legislativo para cambiar esta situación, que serviría para eliminar los roles y estereotipos de género, para permitir que los padres cuiden y que favorecería la eliminación de la discriminación de género en el mercado laboral.

Cada vez son más los países que apuestan por la ampliación del permiso de paternidad y lo han aumentado en estos momentos de crisis. Incluso el presidente Obama pedía hace pocos días a las agencias federales que den dos semanas de vacaciones pagadas a madres y padres cuando tengan o adopten una criatura.

PPiiNALa PPiiNA tiene elaborado un dosier sobre las ventajas de igualar los permisos de maternidad y paternidad, en el que se pone de manifiesto que toda la sociedad saldría beneficiada si se aplicara dicha medida.

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Comenzamos un nuevo año y parece que lo que procede es hacer balance del pasado, pero me encuentro pensando: ¿Hago balance de lo que ha sido este año para la igualdad de oportunidades? ¿Analizo las políticas que se han puesto en marcha o las que se han desmantelado? 
 Mafalda Hacer balance en el momento actual sería decepcionante, dado que la igualdad de oportunidades de las mujeres no está en su mejor momento, como refleja el Informe de la OIT. En España la desigualdad salarial es alta, las mujeres siguen siendo minoría si hablamos de puestos de dirección, la violencia machista sigue siendo una lacra que la sociedad parece aceptar como algo inevitable y las administraciones no toman medidas para atajarla. Los presupuestos son cada vez más exiguos y como consecuencia, la atención es cada día de menor calidad.
Cuando te dedicas a trabajar por la igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres, ya sea impartiendo formación, elaborando materiales o cualquier otra actividad relacionada, es siempre gratificante. La satisfacción personal y la profesional se mezclan, pero cuando no sólo no se avanza, sino que se retrocede en igualdad, esa gratificación personal y profesional se convierte en un problema que, una vez más abarca todos las aspectos de tu vida.  Mafalda
Casi sin pensar he hecho un poco de balance, pero lo más importante es hacer propuestas, exigir que se pongan en marcha medidas para eliminar las desigualdades que sufren (sufrimos las mujeres) y que son la causa y consecuencia de que se permita y, de alguna manera, se justifique la violencia machista.
 Mafalda Leía el otro día un artículo que citaba una frase de Anne Maríe Slaughter (alto cargo en el gobierno de Obama). Decía que “la igualdad no puede ser sólo un asunto formal, sino que debe trasladarse a la vida cotidiana“.La lucha por la igualdad de oportunidades debe contemplar todos los aspectos de la vida y por ello las medidas que debemos exigir deben tener en cuenta la vida cotidiana y en especial “el trabajo de cuidar”, que es lo que refleja de forma más clara la situación de desigualdad de las mujeres.

Atención a la dependencia, cuidados para la infancia, permisos de paternidad y maternidad iguales e intransferibles, son algunos de las cuestiones que ningún partido que tenga entre sus objetivos la igualdad de género puede olvidar. Ya no es tiempo de decir que la igualdad importa, exigimos compromisos claros y concretos para eliminar las desigualdades y facilitar un avance real, es decir, que se tengan en cuenta todos los aspectos de la vida, que tengan en cuenta lo cotidiano.

 

 

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Cuidar de las personas dependientes, hijas/hijos, personas mayores, personas con discapacidad, es una obligación que ninguna sociedad puede ni debe olvidar. Los cambios que en las últimas décadas se han producido en la sociedad, ponen sobre la mesa lo que se ha dado en llamar “crisis de los cuidados”.

Dependencia y cuidadoVeamos, la esperanza de vida es cada vez más alta y los servicios sociales de apoyo a las personas mayores, son cada vez peores. Escribí el pasado año: Natalidad, dependencia y cuidados, una relación problemática, donde planteaba el derecho de las personas a recibir una atención material y humana de calidad. También he analizado laConsecuencias presentes y futuras para las mujeres” en el “trabajo de cuidar”. Nada que añadir a lo dicho, más bien seguir denunciando esa realidad que es cada día más urgente enfrentar, sobre todo cuando detectamos que las instituciones siguen sin revolver el problema y cuando toman medidas son para mantener a las mujeres como cuidadoras principales, es decir, perpetuando los estereotipos de género.

Desde la experiencia personal

Cuidar es mucho más que el tiempo que se emplea en atender a quienes de nosotras/os dependen, supone un esfuerzo  que tiene un importante coste de oportunidad en lo que al trabajo remunerado se refiere, pero igual o más importante, implica un coste emocional imposible de cuantificar.

En estos momentos me encuentro con mi madre (93 años), dependiente total y mi padre (94 años) en un proceso similar. Contamos en la familia con unas horas de atención a la dependencia para mi madre, a mi padre le reconocieron como dependiente hace un año, pero la prestación no se hará efectiva hasta julio de 2015. No me he equivocado, la fecha es real. Para complicar las cosas vivimos en diferentes ciudades, ir y venir se ha convertido en una norma que hace difícil, tanto a nivel físico como emocional, conseguir el equilibrio.

Si mi caso fuera único no lo plantearía aquí, pero como bien sabemos esto es cada día más habitual y somos muchas las mujeres que vemos cómo nuestra rutina cotidiana se ha visto modificada por tener que hacer frente del cuidado de las personas que queremos y ver cómo se deterioran día a día

Ellas y ellos tiene derecho a tener toda la atención que necesitan, pero lo que no es tan lógico es que esta obligación recaiga sobre las mujeres, que tengamos que  “aparcar” nuestra vida para atenderlas/es. Las administraciones no pueden mirar para otro lado y seguir recortando en atención a la dependencia, dejando a personas ancianas en situaciones de precariedad cuando, por las razones que sea, la familia, léase las hijas, no prestan el cuidado al que tienen derecho.

Escuchar expresiones como “que bien cuidados están tus padres” no me consuela, porque quienes dicen esto hablan al mismo tiempo de personas mayores que “viven” situaciones difícilmente calificables debido a la falta de recursos institucionales. Atender a las personas dependientes con calidad pasa por unos servicios sociales que se ocupen de las necesidades básicas, que no miren para otro lado cuando ancianas/os malviven con pensiones asistenciales y sin ningún tipo de ayuda, ni económica ni emocional.

 

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