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Archive for the ‘Familia’ Category

Los hospitales públicos “permiten” que una persona de la familia permanezca tanto de día como de noche durante la hospitalización. Digo permiten porque no hace tanto tiempo que las visitas hospitalarias se limitaban a unas horas al día, salvo casos de extrema gravedad. Es evidente que para una persona enferma estar acompañada es positivo, el apoyo emocional es muy importante, sobre todo cuando se trata de personas mayores que requieren de una atención constante. Pero atender en el entorno hospitalario plantea una serie de problemas que merece la pena analizar.

Hospitales públicos

.- En primer lugar, el cuidado familiar en los hospitales recae mayoritariamente en las mujeres. Es cierto que cada vez se ven más hombres cuidando, pero aún son minoría y cuando lo hacen es más como visita que como cuidadores permanentes. Es decir, se puede afirmar que los roles de género siguen presentes en esta tarea que muchas veces provoca situaciones difíciles; el agotamiento físico, emocional o psicológico se puede apreciar paseando por una planta de geriatría, en la que las estancias hospitalarias suelen ser de larga duración.

Permanecer en una habitación compartida con más pacientes y su familias ya supone un esfuerzo de adaptación importante, si a ello añadimos tener que dormir en un sofá o tener que estar pendiente durante día y noche de que la persona hospitalizada permanezca tranquila, implica un sobreesfuerzo que cualquiera que lo haya vivido, aunque sea sólo un día, conoce lo que esto implica.

.- En segundo lugar, el cuidado familiar supone para el hospital prescindir de personal, pues la familia se ocupa de muchas tareas que deberían ser cubiertas por la institución sanitaria, ser realizadas por las/os profesionales del centro. En el caso de personas que no pueden moverse, que permanecen en cama, son muchas las funciones que desarrollan las familias. Darles  de  comer, estar pendientes de que no adopten posturas inadecuadas, llamar al personal sanitario, tranquilizarles y sobre todo darles afecto.

Como siempre que hablamos de cuidados, sabemos que es gratificante prestar el apoyo necesario a las personas cercanas, sentir que estás atendiendo a una persona a quien quieres, para quien deseas que transcurra su estancia en las mejores condiciones; pero, indudablemente, también es un sufrimiento ver cómo sobrellevan la estancia hospitalaria y cómo se deteriora la persona a quien se cuida. A ello hay que añadir que cuando se trata de personas mayores, la tensión a menudo ya se viene sufriendo desde casa y se agudiza en el hospital.

La escasez de personal ha sido denunciada por los diferentes colectivos de médicas/os y de enfermería, pero en ningún caso se habla del apoyo que prestan las familias dentro del hospital. Resulta, cuando menos curioso, que no se hable nunca del cuidado familiar dentro del hospital, siendo evidente que este cuidado es en estos momentos imprescindible. ¿Qué pasaría ahora mismo si no se permitiera (como sucedía hace años) que una persona permaneciera cuidando en el hospital?  Evidentemente sería imprescindible más personal para que realizara las tareas que ahora realiza la persona que cuida.

.- En tercer lugar hay que analizar el trato que reciben las personas que cuidan, que como hemos señalado, sin ellas el deterioro de la atención hospitalaria sería evidente. Es complicado hablar de cómo el personal sanitario trata a las familias, a las mujeres que cuidan. Es evidente que siempre hay personas que son amables, que tienen en cuenta la situación y que al menos no son desagradables, lo que por desgracia no sucede en muchas ocasiones. La médica o el médico correspondiente ni te mira,  pareces invisible, no responde a tus preguntas o lo hace con condescendencia; te informa como si lo que le pasara al enfermo/a no fuera contigo.  Lo mismo sucede con la enfermera/o, no escucha cuando le comentas lo que le está pasando a la persona que cuidas y te contesta, cuando se digna, que todo lo que se está haciendo no es más que “seguir el protocolo”.

Podría llenar una página con los errores que se pueden cometer por no tener en cuenta las condiciones previas al ingreso del/la paciente. No voy a hacerlo porque considero que el personal sanitario  está sometido a fuertes presiones y creo que en conjunto la atención médica en nuestro país es buena  “a pesar de los pesares”. Pero escribo para buscar soluciones.

Los cuidados en el entorno hospitalario vienen a suplir las deficiencias del sistema, ¿por qué entonces no se habla de ello? ¿Por qué no se acepta la realidad y se tiene en cuenta que hay personas, mujeres, que permanecen cuidando día y noche? ¿Por qué no se les escucha cuando señalan cómo ven a sus familiares, puesto que tienen larga experiencia en su cuidado? No pretendo decir que la familia tenga que opinar sobre cuestiones estrictamente médicas, la cuestión es más lógica y más sutil, se trata de establecer un dialogo, de que escuchen tu opinión sobre lo que sabes del día a día de la/el paciente.

Los cuidados son cosa de mujeres, lo hemos señalado en diferentes ocasiones, lo ideal, lo correcto, sería que el sistema sanitario cubriera todas las necesidades médicas y humanas de la persona hospitalizada y que la familia llevara al centro hospitalario el afecto que la enferma o el enfermo necesita. Pero dada la falta de personal sanitario actual, parece complicado que a corto plazo esto sea posible, mientras tanto, humanicemos el trato hacia las familias que cuidan y que desarrollan una actividad imprescindible.

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La maternidad ha sido siempre mitificada y ensalzada, llegando incluso a identificar “ser madre” con el objetivoSassoferrato al que toda mujer debe aspirar. Escribo esto en el avión regresando de Florencia, influenciada por la cantidad de cuadros que he visto de la Madonna col Bambino, en brazos. El hecho es que en muchos casos la representación más que de una mujer era de una niña/madre, que  reflejaban una gran tristeza.

Botticelli

Mientras visitaba los museos, en España se debatía por primera vez en el Pleno del Congreso de los Diputados una Proposición no de Ley (PNL) para que se equiparasen los permisos de maternidad y paternidad, para que sean iguales, intransferibles y pagados al 100%. La PNL fue presentada de forma magistral por Sofía Castañón.

                                                                                                  san-girolamo

Junto a la imagen de mujer/niña/madre, otra cuestión que acaparó mi atención fue la mirada de resignación de estas mujeres/niñas con su hijo. Como la perspectiva de género no puedo olvidarla en ningún momento de la vida cotidiana, me decía, ¿cómo no van a tener cara de resignación? Son niñas, con una carga que les viene impuesta, que aún se impone a las mujeres y a las niñas. Bien, sabemos que en muchas épocas muy pocas mujeres podían  saltarse este mandato de género.

Mientras reflexionaba sobre dichas imágenes, seguía en la distancia el debate que estaba teniendo lugar en el Pleno del Congreso de los Diputados. Escuché con emoción cuando una mayoría de diputadas y diputados votaban a favor de la PNL, pensando que el recorrido para llegar a ese momento había sido muy largo. Mucho mejor hubiera sido, por supuesto, que lo que se hubiera debatido fuera una Proposición de Ley, (PL) que obligaría al gobierno a legislar. Es decir, que en el Pleno del Congreso se estuviera debatiendo la PL que tiene elaborada la Plataforma por Permisos Iguales e Intransferibles, por Nacimiento y Adopción, PPiiNA, lista para ser aprobada.

La PPiiNA en el congreso

Compis de la PPiiNA durante el debate

Las circunstancias propiciaron que uniera estos dos hechos: la representación iconográfica de la mujer/niña/madre y la falta de sensibilidad de algunos grupos parlamentarios, que en aras de defender la maternidad, obligan a las mujeres a seguir cumpliendo un rol que la sociedad patriarcal les ha impuesto, a pesar de que gran parte de la sociedad rechaza que las mujeres tengan que cuidar de sus criaturas, los primeros momentos de su vida, casi en solitario.

Si ya es difícil contemplar, sin cuestionarla, la representación histórica, ¿cómo no cuestionar que actualmente se siga pensando en las mujeres en su papel de madres como función prioritaria? ¿Cómo es posible que los padres estén ausentes en las primeras semanas de vida de su hija/o? Porque no lo olvidemos, los padres en nuestro país ven limitadas sus posibilidades de cuidar en el momento del nacimiento. Las dos semanas de permiso a las que tienen derecho son claramente insuficientes y perjudican su relación con sus bebés, perjudica a las criaturas al privarlas del cuidado paterno, perjudica a las mujeres que ven cómo su vida laboral sufre las consecuencias de la maternidad y, en definitiva, perjudica a toda la sociedad.

Por ello, vuelvo a señalar que el día 18 de octubre fue un día importante, un avance en el trabajo que durante 11 años ha desarrollado la PPiiNA. Como dijo Sofía Castañón “un poco de igualdad no es igualdad“, pero en la PPiiNA sabemos que el camino es largo y que hay que ir dando pasos para lograr la igualdad real.

Los permisos iguales, intransferibles y pagados al 100% no son la única medida para lograrlo, pero es un paso fundamental y decisivo para alcanzar la corresponsabilidad en los cuidados. Cuando los hombres se comprometan con el cuidado de niñas y niños estarán más concienciados de que cuidar de las personas dependientes es una labor de todas y todos.  Las niñas que sean cuidadas por sus padres, dejarán de pensar que es obligación suya cuidar y los niños aprenderán que ellos también pueden y deben cuidar.

¿Por qué hablo de estos dos hechos? Porque los viví de forma simultánea e, inevitablemente, las gafas violeta no me las dejo en casa, me acompañan siempre. Viendo los museos pensé en las niñas que siguen siendo obligadas a ser madres cuando deberían estar en la escuela y jugando. Porque ser madre discrimina y algunos grupos parlamentarios se niegan a legislar para eliminar la discriminación de género. Por ello, que en el Pleno del Congreso se haya aprobado una PNL es importante, pues abre el camino para que la PL de la PPiiNA sea igualmente aprobada.

 

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Cuidar de hijas e hijos y de las personas dependientes en general es una necesidad ineludible y cada vez más necesario, dado el aumento de la esperanza de vida y el consiguiente aumento de personas mayores que necesitan atención y cuidado.

El informe del CSIS, Un perfil de las personas mayores en España, 2013. Indicadores estadísticos básicos”, señala que: “España sigue su proceso de envejecimiento…La longevidad se ha incrementado de forma espectacular en el siglo XX. En 1900 la esperanza de vida era de 34,8 años y ahora es de 82,1”. Las mujeres tiene mayor esperanza de vida que los hombres, 85 años, frente al 79,2.

La previsión del INE es que en el año 2023 un total de 23.428 personas superarán los 100 años, casi el doble que actualmente.

Pirámide de población

http://www.ine.es/prensa/np813.pdf

 

¿Quién cuida de las/os dependientes?

Según el último barómetro del CIS, la persona que se dedica principalmente al cuidado de hijas e hijos desde el nacimiento hasta los 3 años es la madre en el 82% de las familias. Les siguen las abuelas, un 7,5%, y en tercer lugar son los padres, un 4,8%.

 

Quién cuidada a niñas/niños

Elaboración propia a partir de los datos del CIS

En lo que se refiere a personas mayores, siguiendo con el informe del CSIC, la persona que fundamentalmente cuida de los hombres mayores es su cónyuge y en segundo lugar su hija. En el caso de las mujeres, la principal cuidadora es la hija.

A la vista de estos datos podemos afirmar que cuidar tiene nombre de mujer. ¿Qué significa esto? Que las mujeres, o bien no tienen empleo remunerado o trabajan a tiempo parcial para poder compatibilizarlo con el cuidado y supone que los hombres, los padres, los hijos, tienen disponibilidad plena para dedicarse al trabajo remunerado.

Esto tiene importantes consecuencias negativas para las mujeres. Decía Máriam Martínez-Bascuñánen en un interesante artículo:

Consecuencias presentes y futuras para las mujeres

El hecho de que las mujeres sean las principales cuidadoras de la familia supone que aumente la desigualdad de género, presente y futura. Señalaremos las más significativas y que ya nadie discute:

  • Brecha salarial de género.
  • Baja presencia de mujeres en puestos de dirección.
  • Pensiones más bajas.
  • Peor salud.

Cuidar tiene, pues, un coste elevado para las mujeres, pero no podemos perder de vista la función del Estado “consiente y reproduce esta dinámica estamos entrando en una nueva forma de patriarcado público precisamente porque este modo de desposesión se encuentra mediado por aquel. La falta de institucionalización de los trabajos de cuidado perpetúa un proceso social mediante el cual se produce la transferencia de energías de un grupo a otro para producir distribuciones que son desiguales y que limitan a las mujeres”.

No hay mucho que añadir a lo que dice Máriam Martínez-Bascuñánen.

 

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El 19 de marzo se celebra el Día del Padre, que coincide con la celebración del día de San José, fiesta claramente religiosa que con el tiempo ha ido cambiando de significado. En estos momentos, en que la idea del padre todo poderoso ya no se sostiene, es importante reivindicar el  Día del Padre Igualitario.

Para conmemorar este día se ha celebrado un acto en Madrid para reivindicar el derecho de los padres de disfrutar de sus hijas e hijos desde el momento del nacimiento. Ha sido organizado por  la Asociación de Hombres por la Igualdad de Género (AHIGE);  StopMachismo y Red de Hombres por la Igualdad, con la participación de la la Plataforma por Permisos Iguales e Intransferibles de nacimiento y adopción (PPiiNA).

Día del padre Igualitario

Como defiende la PPiiNA, mientras los permisos de maternidad/paternidad no sean iguales y pagados al 100%, será imposible que los padres se comprometan en el cuidado de hijas e hijos desde el momento del nacimiento. Esto es imprescindible para lograr la igualdad real, para eliminar las barreras que, por el hecho de ser madres, tienen las mujeres en su carrera profesional.

Algunas opiniones escuchadas en el acto señalado

Ver a un grupo de hombres planchando en una plaza llama la atención y las personas que se acercan y preguntan “de qué va esto”, tienen reacciones muy diferentes. Una pareja con una niña y un niño, de alrededor de 10 años, estaban comentando el juego de la oca para fomentar la corresponsabilidad en la casa, poniendo de manifiesto lo que ellas/os hacían en la suya. Les extrañó que el juego hablara de la corresponsabilidad en la familia cuando el acto era para reivindicar la corresponsabilidad entre mujeres y hombres.Día del padre Igualitario

Este comentario sirve para explicar que mientras los padres no se impliquen en las tareas de cuidado (casa, familia), es difícil que los roles de género desaparezcan. Pensemos cuánto va a tardar un niño en decir que él no friega, que su padre no lo hace. O cómo una niña se va a cuestionar que es obligación suya hacer las tareas de la casa si siempre es su madre quien las realiza.

Se acercaron también dos parejas de mediana edad y al intentar explicarles nuestra reivindicación, uno de los hombres contestó que todo eso estaba muy bien, pero que dependía de lo que los hombres quisieran ayudar.  Dejando a un lado otras lindezas que decía,  me paro en el tan manido “ayudar”. Si un hombre ayuda en la casa, se presupone que la obligación de las tareas le corresponden a la mujer, es decir, él tiene a bien realizar algunos de los trabajos de la casa, pero no está obligado.

Día del Padre IgualitarioEse no es el mensaje del Día del Padre Igualitario, que la Agenda de Hombres por la Igualdad estableció entre los aspectos a desarrollar.

La corresponsabilidad implica que las mujeres tienen derecho a un trabajo digno, sin que las empresas las penalicen por ser mujeres y más aún si son madres. Supone que los hombres tienen derecho a disfrutar de sus criaturas desde el momento del nacimiento y para ello a tener un permiso de paternidad de la misma duración que el de maternidad. La sociedad evoluciona, ¿por qué no lo hace en la misma medida la legislación que permitiría que se compartiera el trabajo de cuidar?

Día del Padre Igualitario

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Llevamos mucho tiempo esperando el Plan Estratégico de Igualdad de Oportunidades (PEIO), que finalmente se aprobó el día 7 de marzo de 2014, víspera de la conmemoración del Día Internacional de las Mujeres. Buen día para dar impulso a la igualdad. Lo malo es que al analizarlo llega la decepción.

Resumen del PEIO

Nada que objetar al diagnóstico de la situación que hace:

También parecen apropiados los ejes de actuación:

  1. Empleo y lucha contra la discriminación salarial, 650 millones de euros.
  2. Conciliación y corresponsabilidad, 1.529 millones de euros.
  3. Lucha contra la violencia de género, 900 millones de euros.

Medidas que plantea el PEIO

Al analizar el PEIO vemos que las medidas que se proponen son genéricas y no aportan nada nuevo para combatir las desigualdades que se admiten que existen. Si analizamos, por ejemplo,  el eje 3: conciliación y corresponsabilidad, vemos que apunta como prioritario el apoyo a la familia y a la maternidad.

 ¿Qué tipo de familia se va a apoyar? Dado el rechazo que miembros del gobierno muestran hacia el matrimonio igualitario, ¿hemos de suponer que apoyará sólo a la familia tradicional? Es importante que se aclare este punto. La igualdad de oportunidades que promueve este PEIO no puede obviar la realidad actual, donde la familia es muy diferente.

Lo mismo sucede con la maternidad. El objetivo de este eje es la conciliación y la corresponsabilidad y, como hemos señalado, se parte del hecho de que la  maternidad afecta a la entrada y permanencia de las mujeres en el mercado laboral, y su dedicación al hogar y la familia es aún mucho mayor que la de los hombres. En este contexto, ¿qué significado tiene y cómo se concreta este apoyo a la maternidad?

El año pasado la Comisión de Igualdad del Congreso aprobó por unanimidad una Proposición no de Ley en la que se instaba al gobierno a Avanzar hacia la equiparación de los permisos de nacimiento, adopción y acogimiento entre ambos progenitores de forma que ambos cuenten con el mismo período personal e intransferible, eliminando las disfunciones existentes en la legislación actual al respecto y, singularmente, evitando la subrogación de derechos que han de ser individuales”.

¿Por qué entonces no se plantean medidas que favorezcan la igualdad real? ¿Por qué sólo se habla de conciliación cuando sabemos que las medidas para conciliar están siendo una trampa para las mujeres? La equiparación de los permisos también se consideró fundamental para avanzar en la corresponsabilidad en el tema del cuidado, así lo señala  el informe de la Subcomisión de Igualdad, pero ya en ese informe se vio claro que lo dejaban para cuando “las condiciones económicas lo permitieran”. Es decir, se admite la desigualdad en la legislación, se señala como eliminaras, pero no se legisla, es decir, buenas palabras pero nada más.

Conclusión

Es de temer que este PEIO no ayude a avanzar en igualdad, más bien que sirva para todo lo contrario: para desmotivar a las mujeres a estar empleadas con plenos derechos, es decir, trabajo a jornada completa con los mismos derechos que los hombres. Hablar de corresponsabilidad es hablar de cuidados compartidos, de derechos individuales. Incluir el término corresponsabilidad no garantiza que las medidas que se proponen vayan en ese camino, parece que se limita a usar este término porque es políticamente correcto.

 

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Estos días estamos viviendo situaciones que sólo pueden producirnos tristeza a la mayoría de las mujeres. Me refiero a la imagen de la infanta Cristina declarando que “ella no sabía nada”, que “era su marido quien tomaba las decisiones“, que “ella confiaba en él“, o que “ella se ocupaba de los niños y él de los gastos”.

Infanta Cristina

Independientemente de lo que pensemos de la monarquía, la imagen que siempre se daba de la infanta Cristina era la de una mujer independiente, profesional, que tomaba sus propias decisiones, incluso enfrentándose a su padre para decidir sobre su propia vida. Sin embargo, ahora resulta que ella no sabía nada de los negocios de la familia, que firmaba sin leer, que utilizaba tarjetas visa oro sin pensar de donde salía el dinero, en fin, que cuando pensábamos que el rey y la reina habían educado a sus hijas e hijo acorde con los nuevos tiempos, nos encontramos con una infanta que en su casa era una mandada, que las decisiones importantes las tomaba su marido y que ella se limitaba a las labores de cuidado.

Cuando llega la conmemoración del Día Internacional de las Mujeres, que comenzó para denunciar las condiciones de trabajo de las mujeres, y que este año va a estar marcado por el derecho a decidir sobre su propio cuerpo, que triste es ver la imagen de la infanta, que a pesar de tener una formación académica, tener un empleo altamente remunerado, viajar constantemente por razones de trabajo, dice no ser responsable de sus decisiones, pues era su marido quien decidía.

No es bueno para el conjunto de las mujeres que la infanta, que tiene una importante relevancia pública, se presente a sí misma como un modelo de mujer tan obsoleto, como una persona sin capacidad de decisión y tan poco profesional, a pesar de su alta formación académica y social.

¿En qué cuento de príncipes y princesas colocamos esta historia?

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Para mis #Femiamigas

Estoy leyendo “La ridícula idea de no volver a verte” de Rosa Montero y de ella tomo la etiqueta #HacerLoQueSeDebe, porque al leerla he pensado que refleja claramente lo que muchas mujeres dejan de hacer a lo largo de su vida por cumplir con ese mandato de género que tanto condiciona.

 He comenzado a leer el libro en unos días en los que estoy comentando con amigas a través de whatsApp, las obligaciones que las mujeres asumimos de cuidar a madres y padres, las contradicciones que conlleva y la culpabilidad que implica compatibilizar la obligación que asumimos y la necesidad y las ganas de tener una vida propia.

Somos un grupo de mujeres de generaciones distintas, algunas aún no están en el rol de hijas cuidadoras que otras estamos viviendo, desde diferentes situaciones, pero con contradicciones similares. Compartir estas experiencias está resultando enriquecedor, a pesar de que algunas no nos conocemos personalmente, pero somos  #amigasvirtuales.

 La coincidencia de comenzar a leer a Rosa Montero, que cuenta como Marie Curie se debate entre sus ganas de conocimiento y su obligación #HacerLoQueSeDebe, de cuidar de su padre, en un momento en el que la mayoría de las que ese grupo de #femiamigas pasamos por situaciones similares, me lleva a reflexionar lo poco que hemos avanzado. Me explico.

 A principios del siglo XX, Marie Curie, una mujer pionera, se debatía entre la obligación y el deseo de ser ella misma, de poder desarrollar una profesión. Un siglo después, a pesar de los muchos avances que las mujeres hemos logrado ¿Cuál es el tema recurrente en el grupo de #femiamigas? Las contradicciones que cada día nos crea decidir entre #HaerLoQueSeDebe aún a costa de dejar de lado actividades que son fundamentales para nosotras.

 Es evidente que hemos avanzado mucho, trabajamos, desarrollamos una profesión, etc., pero eso no evita que suframos situaciones similares a pesar del tiempo transcurrido. Los condicionantes de género son tan fuertes que me pregunto ¿nuestras hijas van a seguir condicionadas por #HacerLoQueSeDebe?

 Aunque quiero pensar que no, veo que algunas de las #Femiamigas que son jóvenes se van a ver abocadas a resolver problemas familiares,  se va a recurrir a ellas, aún en la distancia, para que asuman el mandato de género: responsabilizarse de las/os demás.

 Dice Rosa Montero: “La culpabilidad es una emoción tradicionalmente femenina. Sobre todo en épocas pasadas, pero aunque hoy todavía quedan algunos jirones que nos manchan, velos pegajosos como telas de araña. Es una culpabilidad socialmente inducida por atreverte a seguir tus deseos, por descuidar tus obligaciones de mujer”. Muchos jirones diría yo, si tengo en cuenta la realidad que me rodea.

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